Tedetesto

Feos, brutos y malos

La realidad no solo estropea buenos titulares, la realidad envasada por las televisiones y servida en los informativos produce casi siempre tedio, a veces indignación y en ocasiones pánico. Las buenas noticias casi nunca son noticia y las malas de tanto repetirse generan indiferencia y letargo. Lo pienso mientras echo una ojeada al menú del día: Cospedal, Rubalcaba, Bárcenas, Urdangarin, Merkel, Montoro… No me creo lo que dicen, no me gusta como lo dicen, desconfío cuando sonríen, tiemblo con sus malos augurios y me entra una risa tonta cuando le ponen fecha, cada vez más lejana al fin de nuestros males. La opinión ciudadana castiga con apabullantes suspensos a todos los políticos que se les ponen por delante. No se salva ni uno y una valoración superior al 3 se considera todo un éxito de crítica y público. No nos representan, no les creemos, si dicen que va a hacer sol corremos a buscar los paraguas, si dicen que no van a subir el butano comenzamos a acaparar bombonas.

Por regla general veo unos tres telediarios al día y me asomo a tres o cuatro debates de actualidad (así de dura es la vida del cronista) y muchas veces no se me ocurre nada que contarles para no contarles lo de siempre. A veces quito el sonido y miro el gesticular de los políticos, sus tics, sus bostezos y sus muecas, no necesito subtítulos para saber lo que están diciendo y sobre todo lo que no nos están diciendo. Por sus expresiones podríamos deducir cuando mienten y cuando dicen la verdad, pero para poder establecer comparaciones tendrían que decir la verdad alguna vez y no la dicen ni cuando se equivocan. Sin voz nuestros políticos se muestran como son: Feos, brutos y malos. Feos porque hacen cosas muy feas, brutos porque las hacen mal y malos porque las hacen a tiempo completo y sin ruborizarse. De acuerdo, lo de la fealdad es subjetivo, allá usted si le parece sexy Rubalcaba o tiene en su mesilla de noche una foto dedicada de la Cospedal guiñando el ojo.

Para huir del tedio y no castigarles con más obviedades, corro a refugiarme en los territorios de la ficción nacional. La transición vista por Cuéntame resulta a veces más creíble que algunos documentales de TVE, cuya capacidad de manipulación solo es comparable a su capacidad de omisión. La ficción histórica en un país con una historia tan agitada y convulsa como el nuestro es un excelente vivero de personajes y situaciones con la ventaja adicional de que los muertos no suelen protestar por las difamaciones y recreaciones, ni los herederos de Galba protestarán por el maltrato al que se somete a su antecesor en la serie Viriato, ni los descendientes de los judíos españoles presentarán reclamación alguna por el retrato de Isabel la Católica que además de ser muy santa era muy fotogénica. Tal vez habría que tener en consideración las reclamaciones de los herederos de Bruce Lee contra Águila Roja, improbable pionero de las artes marciales. Yo mismo estuve a punto de formalizar mi protesta por la peluca que le colocaron en Toledo a Juan Diego para incorporar a un desgreñado Alfonso X el Sabio.

No es fácil aterrizar de golpe en algunas de estas teleseries nacionales que se prolongan en el tiempo. Algo les puedo contar, creo que ya lo hice alguna vez, sobre Amar es para siempre secuela de Amar en tiempos revueltos que durante varios años ofreció una visión crítica, e inédita en el medio, de la posguerra española. Su continuidad en Antena 3 tiene sus altibajos pero sigue fiel a las pautas que Benet, Sirera y Onetti marcaron desde sus inicios. Otro día les contaré algo sobre el Secreto de Puente Viejo, todavía no lo tengo claro y necesito consultar con algún iniciado en los arcanos de esta longeva serie que como Gran Hotel sigue la tónica de los  viejos folletines, venganzas familiares, pecados inconfesables, crímenes terribles, algún incesto. Estoy en ello, seguiremos informando. Aunque si saben algo también podrían contármelo a mí en sus comentarios, por ejemplo, necesito urgentemente el árbol genealógico de los personajes de Gran Hotel para empezar a aclararme.