Lucía y las fieras

Para despertar a las aletargadas audiencias veraniegas, Tele 5 ha puesto en marcha un alegre campamento de verano para famosas y famosos de medio pelo y voraces aspirantes a la popularidad dispuestos a devorarse entre sí para alzarse con un jugoso premio en metálico y hacerse un hueco en el efímero salón de la fama catódica como contertulios remunerados. En este camping, los fuegos de campamento se convierten en aquelarres y las rutinas cotidianas en un entramado de traiciones y mezquindades, gritos y lágrimas, susurros y ataques de ansiedad. En esta primera edición el plato fuerte era la presencia, fugaz y escandalosa de la escritora Lucía Etxebarría, premio Planeta y errático satélite literario que aspiraba a solucionar sus problemas con la Hacienda Pública con un dinero suplementario al que le producen sus obras y sus plagios, dinero que parecía fácil de ganar. La ilustrada Lucía competía con sus iletrados compañeros y daba gusto verla, niña mimada y privilegiada que acudió con sus perritos y sus morritos, sus dengues y sus desplantes, intentando sobrevivir al banquete. Era el plato fuerte entre una concurrencia hambrienta y sedienta de sangre y por supuesto se la comieron ya en el aperitivo, no hubo siquiera que nominarla para la expulsión, ella misma se fue, haciendo pucheros y reclamando a gritos asistencia psiquiátrica mientras sus compañeros la abochornaban coreando a su paso con infantil soniquete: “¡Premio Planeta!¡Premio Planeta!, como un insulto de patio de colegio.

Lo peor estaba por llegar, una claúsula del contrato del programa penalizaba el abandono injustificado con una dura sanción económica y la pobre Lucía hubo de comparecer para dar explicaciones en el plató salvaje del “Sálvame de Luxe” donde un coro de experimentadas hienas se afilaban las garras dispuestas a despedazarla. Algo como para asustar a cualquiera y Lucía se asustó y para mayor gloria de la cadena esclavista ofreció un espectáculo al que el calificativo de patético le quedaría corto. “Qué puedo hacer yo con una gente que ni siquiera sabe quién es Soraya Sáenz de Santamaría” exclamaba la cuitada entre lágrimas que arruinaban su maquillaje de plañidera para señalar la insalvable distancia que separaba a tan laureada escritora de la masa cerril y abusadora. La polémica tuvo una deriva inesperada cuando alguien apuntó que utilizar lo de ¡Premio Planeta! ¡Premio Planeta! como insulto podía ser una ofensa intencionada al señor Lara que patrocina Antena 3, la cadena rival de Tele 5.los problemas testiculares de uno de los acampados, explicitados con todo lujo de detalles y la evacuación en ambulancia de Karmele Marchante que no evacuaba, afectada por una obstrucción intestinal completaron la escatológica sesión.

Si no tienen pulsiones sadomasoquistas ahórrense el visionado del bochornoso espectáculo y yo me ahorraré más detalles sobre el trivial evento. Los acosadores tendrán su castigo y no será pequeño, entre los candidatos a sustituir a la Etxebarría  figuran María Jesús y su inseparable acordeón. Escuchar a todas horas “Los pajaritos” y bailar a su ritmo pueden ser una forma de tortura que debería ser definitivamente prohibida por la ONU y las organizaciones humanitarias.

Apago el televisor y pienso en la posibilidad de un campamento de verano, a la altura de Lucía, un campamento ilustrado donde reputados intelectuales convivieran una temporada y en el que Sánchez Dragó, por ejemplo, ejerciera su verborreico magisterio como hechicero de la tribu ante un grupo de jóvenes escritores abrumados que no tardarían mucho en transformarse en fieras corrupias, sanguinarias y, tal vez, antropófagas. Demasiado cruel quizás y totalmente inapropiado para el horario infantil, toda una constelación de premios Planeta colisionando entre sí y sacándose los ojos con cucharillas de café.

Estoy elaborando mi lista de candidatos para ese campamento de genios y me atrevo a pedir la colaboración de ustedes, hipócritas lectores para completar este menú ilustrado.