Quiero a Tamara

Yo también quiero a Tamara Falcó, siempre he sentido debilidad por las pobres niñas ricas y los animales abandonados y una malsana curiosidad por las vidas etéreas y confortables de esas criaturas, (me refiero a las niñas) amamantadas y criadas en las zonas nobles de palacetes o chaletazos, preservadas de todo mal, apartadas del mundo real, niñas burbuja protegidas de esa realidad oscura y espesa que aflige al común de los mortales, niñas que han aprendido a maquillarse por sí mismas y a posar, impolutas y virginales con la sonrisa tatuada en el rostro y la mirada perdida en el horizonte de todas las millas de oro que están a su alcance. Pero no seamos injustos, las niñas como Tamara también estudian y a veces diseñan y se esfuerzan para mantenerse en el candelabro y en el candelero, para ser un ejemplo a seguir, aunque a cierta distancia, por otras niñas más desfavorecidas, ellas son “it girls”, chicas muy monas y que están siempre donde hay que estar y dicen lo que hay de decir para no decir nada pero quedar muy bien.

Tamara Falcó es además bloguera y solidaria y dedica los ratos libres que conforman la mayor parte de su tiempo a comentar la moda y a vaciar los armarios propios y ajenos para vender ropa usada, pero poco y de mucho lujo, a beneficio de una simpática oenegé  de chicas bien, una actividad benéfica y al parecer muy divertida. La caridad está fuera de onda, incluso para los obispos que dicen que eso es cosa de Cáritas y no de ellos. No es caridad, es solidaridad, una palabra con connotaciones progresistas que, sin embargo puede y debe usarse en sociedad, separando mucho las sílabas para que todos la entiendan. La solidaridad es demasiado importante como para dejarla en manos de la izquierda, la solidaridad no tiene fronteras, ni ideologías, se puede y se debe ser solidaria, no cuesta mucho y proporciona, páginas y páginas de las revistas, con fotos que no se podrían hacer (y es una lástima con lo ideales que quedan) si no fuera por la solidaridad. Chicas monísimas con equipos muy fashion en la jungla o en la sabana con niños desnutridos pero muy fotogénicos y con maravillosos tocados indígenas. La solidaridad es diversa y divertida, se puede ser solidaria con los bebés foca o con los niños famélicos, con las minorías étnicas, con los huérfanos y con los pobres de la capital y de los suburbios, aunque queda mucho mejor participar en estos safaris solidarios, conoces mundo y puedes lucir un “look” de lo más exótico.

We love Tamara es un programa modélico, sencillo y elegante a la par, tan simple y tan sofisticado como su protagonista, un espacio que promete nuevas emociones: Tamara ha recibido una revelación divina (probablemente en el probador de una boutique, a nuestro ministro del Interior Dios se le apareció junto a las tragaperras de Las Vegas, que para eso es Dios). Tamara va todos los días a Misa antes de ir de tiendas y reza sus oraciones todas las noches y seguramente reza por nosotros pobres pecadores y pecadores pobres. Aún es pronto para proponer su proceso de beatificación (para eso casi siempre hay que morirse antes) pero el santoral necesita santas como ella, con glamour y con caché. Ora pro nobis.