Tedetesto

Giligoyas

Nunca vino más a propósito la frase brillar por su ausencia. Wert fue la estrella errante y ausente de la gala de los Goya. Nadie tiene obligación de ir a que le insulten, rugió la caverna. Se equivocaban: un ministro, aunque ese ministro sea Wert, tiene la obligación de escuchar denuestos y descalificaciones a porrillo. Por ejemplo cuando comparece en el Parlamento uno de esos días en los que la oposición se muestra levantisca.

Hasta ahora no escuchamos a ningún parlamentario decir ante el hemiciclo: "Si me insultan me voy", esas espantadas quedan para algunas invitadas de Sálvame y algún que otro contertulio de debates televisivos. Y además, nadie insultó al ausente en la modesta gala de este año que estuvo centrada fundamentalmente en los problemas concretos del sector y los malos momentos que está viviendo por la subida del IVA y otras insidias tejidas por un gobierno que desconfía profundamente de la cultura en general y del cine en particular, porque les sabe del otro lado y  sabe también que suelen pensar y manifestarse por su cuenta fuera de los ámbitos específicos de su oficio. Lo que se empeñan en no saber los políticos de la derecha es que el ámbito específico de cualquier actividad intelectual es el universo entero.

Unos años después de la Segunda Guerra Mundial, la ORTF, equivalente francés de la radio pública, encargó al escritor Boris Vian el guión de un programa radiofónico. Una vez leído el guión, el ente público galo rechazó su emisión por su contenido político y el autor -pacifista, surrealista y sarcástico- envió uno nuevo que comenzaba más o menos así (cito de mala memoria ):

Boris Vian.- ¿Es éste el edificio de la ORTF?

Conserje.- Sí señor ¿qué desea?

BV.- Pregunto por el departamento de censura

C.- ¿Censura en la ORTF? ¿Censura en el país de la libertad, la igualdad y la fraternidad?. No existe ningún departamento de censura.

BV.- Ah bien, entonces se supone que yo puedo escribir un guión sobre lo que me de la gana….

C.- Un momento ¿de qué quiere escribir?

BV.- De política, por ejemplo.

C.- Un momento ¿es usted político?

BV.- No, señor.

C.- Pues perdone pero en la ORTF hay una norma que dice que solo los políticos pueden hablar de política.

BV.- ¿De religión entonces?

C.- ¿Es usted religioso?...

El diálogo proseguía en los términos en los que sólo los economistas podían hablar de economía y así sucesivamente. Ninguno de los dos guiones fue emitido aunque en la ORTF no había departamento de censura. Cuando la dictadura franquista daba sus últimas boqueadas, el departamento de censura de TVE pasó a llamarse Secretaria General Técnica, División Final de Contenidos.

Pero a lo que íbamos, en la gala de los Goya no se escucharon insultos al ministro Wert ( ni el corrector de ortografía de mi ordenador quiere saber nada de él, escribes Wert y entiende Pert, negando la existencia de ese apellido y de ese personaje). Nadie insultó a Pert, no le llamaron cretino integral, imbécil de libro, tonto del haba, cabrón con pintas o hijo de la gran puta. No le increparon como genocida de la cultura, Herodes del cine, criminal empedernido…No, el peor insulto fue que alguien le llamó: "ministro de anticultura" y lo que se escucharon fueron protestas claramente sectoriales relacionadas sobre todo con el impuesto del valor añadido que se le supone al cine.

El ministro de anticultura y mala educación confirmó con su brillante ausencia que es un maleducado. Su excusa sonaba a burla, como suenan a burla las descalificaciones continuas al cine español de Jiménez  Losantos (el corrector, se lo juro, escribe Lozanitos), Tertsch, Cuesta y otros "marhuendas". Tales descalificaciones provienen de gentes que ni han visto, ni probablemente verán las películas galardonadas, gentes que desprecian cuanto ignoran e ignoran casi todo.