Del humor y la muerte

Después de la polémica broma de Évole sobre el 23-F, El Intermedio de Wyoming dedicado al 11-M. ¿Se puede hacer humor sobre cualquier tema? Los humoristas de negro pensamos que sí, el humor negro tiene larga tradición en esta tierra nuestra del esperpento, eternamente tragicómica en sus innumerables vicisitudes históricas. Ante muchas de ellas el humor ha sido la vía de escape, y al mismo tiempo de denuncia, más querida por el pueblo, hay humores que duelen y hieren sensibilidades, para eso están, porque hay dolores necesarios y sensibilidades demasiado frágiles. No hay tema imposible para el humor sino tratamientos incorrectos, burdos chascarrillos racistas, bromas demasiado pesadas, malas intenciones camufladas de chistes, exabruptos infames, sarcasmos que hacen sangre. Ya dijo Quevedo, sombrío humorista, que un poeta es capaz de cometer una injusticia flagrante para que le quede bien una rima, si hay que llamar puta a una mujer honrada y redondear el verso pues se hace y ya está. No hay que fiarse ni de los humoristas ni de los poetas, los poetas hablan con metáforas y los humoristas enredan con sus ironías. Sin ironías y sin metáforas no sé si la vida merecería ser vivida, aunque ya sé que tal opinión no es mayoritaria . El Arcipreste, Quevedo, Cervantes y la novela picaresca son buenos ejemplos de humorismo, aunque sesudos eruditos hay a los que la comicidad les espanta.

¿Cabe un programa de humor sobre la espantosa tragedia del 11-M? Ya escucho estrepitosos clamores de escándalo, ruido de vestiduras que se rasgan y voces de “Hasta ahí podíamos llegar”. Pues sí, hasta ahí podemos llegar, sobre todo si en los demás canales de la televisión el tratamiento informativo sobre la terrible matanza ha oscilado entre el homenaje obvio y el dolor compartido, cuando no ha usado la manipulación descarada de los hechos, esa teoría de la conspiración que (esto sí que es digno de asombro) algunos políticos y periodistas venales siguen difundiendo contra vientos y mareas, contra jueces y contra la verdad misma que habría de residir en los practicantes de estos denigrados oficios, la política y el periodismo. Lo importante es saber quién lo hizo, declaraba a estas alturas Ignacio González, presidente de la Comunidad madrileña. ¿Usted lo sabe? Cabría repreguntarle, sabemos que lo sabe pero que no lo dice para seguir dando pienso a los conspiranoicos, a los ilusos y a los que detestan profundamente que la realidad arruine su visión de las cosas.

El programa de Wyoming pudo y debió hacerse, el humorismo en esta ocasión no estaba en los hechos crudos y crueles sino en las interpretaciones que de ellos hicieron los adalides del PP. En El Intermedio nos recordaron la cara de Acebes declarando “sin ningún género de dudas” la autoría de ETA, una siniestra payasada que contó con clowns de primera línea como Aznar, el incipiente Rajoy, Pedro J. Ramírez o Jiménez Losantos. Verles de nuevo ratificarse en su ignominia da tanta risa como pena volver a ver y escuchar sus contundentes manifestaciones. ETA no tuvo nada que ver con los atentados. Si los hubieran cometido, el Gobierno del PP no hubiera sido defenestrado, luego la culpa de alguna manera la sigue teniendo ETA. Si ETA hubiera cometido la masacre, el PP no hubiera caído, Zapatero no habría gobernado y la crisis no habría existido. Esa parece ser que sigue siendo la línea de fondo de las argumentaciones del PP. No lo dicen, pero lo dejan ver cuando afirman que aquello fue un golpe de Estado contra el PP, cuando el golpe definitivo se lo dieron ellos al tratar de amoldar la realidad a sus deseos. Sonaba cómico pero más cómicos suenan sus ecos renovados aunque ahora no pongan tanto énfasis en la insidia, disfrazada hoy con insinuaciones e hipótesis rocambolescas. A Acebes y Aznar solo les faltó decir en aquellos momentos: “Ha sido ETA, se lo juro por sus muertos”.