Sainete en la Gran Vía

No llegó a salir en la portada de New York Times, como llegó a imaginar durante un momento, pero hay que reconocer a Esperanza Aguirre el esfuerzo realizado para convertir su “multita y su bronquita” en tremending topic. La Aguirre es una experta en hacer de la necesidad virtud y sacar partido de la necedad. Recordemos que sus meteduras de pata fueron los pilares de sus primeros éxitos mediáticos en los años de Caiga quién caiga, el “que hablen de ti aunque sea bien” ha sido siempre su lema para salir airosa, y dando titulares, de cualquier accidente, incluso de helicóptero. Solo le ha faltado darse una vuelta por la isla de Supervivientes para completar una gira promocional de autodefensa y reivindicación. Las defecciones de muchos de sus colegas a la hora de apoyar su tocata y fuga han sido compensadas por el fervor de sus paladines, que han saltado como fieras en las pistas del circo de los medios para reivindicar su figura y su postura hasta extremos imposibles. Algunos, como el caballero Marhuenda, más aguirrista que Aguirre (que ya es difícil), que ha proclamado su insumisión negándose a reconocer también  la autoridad de los agentes de movilidad para cerrarle el paso como si fuese un antisistema cualquiera, un rebelde, un díscolo. En solidaridad con su agraviada condesa, Marhuenda arremeterá contra la presunta autoridad urbana, agentes de movilidad o policías municipales como los que se atrevieron a detenerla solo para hacerse una foto con ella y solicitar que les firmara un autógrafo.

No incidiré en los detalles del incidente ni en la peregrina secuela de declaraciones de la imputada en todos los medios, por todos los medios y con todos los medios a su alcance. Todo ello era altamente previsible, tras ser conocida la pifia había que minimizar daños. Para Esperanza Aguirre la mejor defensa es el ataque y sus huidas siempre son hacia delante. Haciendo un balance provisional y subjetivo de como va el asunto, presumo que Esperanza ha convertido su rabieta y su mala conducta en un banderín de enganche tratando de sacarle partido por donde sea a ese sentimiento secular que históricamente han heredado generaciones y generaciones de ciudadanos españoles, simpatía por los bribones y menosprecio de guripas, guindillas, maderos o corchetes, menosprecio que se matiza en Madrid con esa chulería que se dice idiosincrásica de los habitantes de la urbe, chulería que hasta hoy parecía haber quedado recluida en los corrillos tabernarios y las broncas de tráfico. La Espe (he oído comentar muchas veces) es más chula que un ocho y más castiza de un chotis”. Es el Pichi travestido que cantaba Celia Gámez, el proxeneta simpático de “Las modelo y estructuro y las saco más de un duro, pa gastármelo en mis vicios y quedar como un señor”.

Más activa que nunca, Esperanza ha acaparado más titulares que las próximas elecciones europeas y eso que lo del candidato secreto del PP tiene cierto morbo. Aún están a tiempo de recurrir a Esperanza Aguirre. Piénsenlo y no se dejen llevar por la desesperación. Al tapado del PP he comenzado a llamarle Gundisalvo, como el político creado por el gran Mingote: “Vote a Gundisalvo, a usted  que más le da”.