Ladrillos para el muro

Los zombies regresan, son torpes pero son muchos y sufren un hambre insaciable. Nueva temporada de “Walking Dead”, la pesadilla de los muertos que caminan y que son muy difíciles de rematar, por eso, porque ya están muertos aunque no se hayan enterado todavía. Los vampiros del cine expresionista alemán anticipaban los horrores de la segunda guerra mundial, las bombas de Hiroshima y Nagasaki alumbraron los films de monstruos resucitados del Japón, la radiactividad alentó las películas de ciencia-ficción de la guerra fría, detrás de cada marciano había un comunista disfrazado, voraces hormigas mutantes, naves espaciales armadas con mortíferos artilugios, robots rebeldes y más tarde terroristas con turbante. A falta de un enemigo global de fácil identificación, durante un tiempo, el gobierno de los Estados Unidos culpó de todos nuestros males, primero a los narcotraficantes y luego a los fundamentalistas islámicos, arenas movedizas porque los jeques del desierto son los señores del petróleo y hay que hacer arriesgadas maniobras diplomáticas para mantener al menos las apariencias. El anunciado fin de la Justicia Universal crea nuevos espacios de impunidad.

Volvamos pues a los felices tiempos de la guerra fría, el Eje del Mal vuelve por donde solía, Putin no es precisamente comunista, pero si lo suficientemente soviético, el bien y el mal, el blanco y el negro. De lo que se trata, ahora y siempre, es de imponer el pánico globalizado y apocalíptico con una única frontera, un fantasma capaz de meternos el miedo en el cuerpo a todos porque una sociedad sin miedo es peligrosa y si a los ciudadanos les das tiempo para pensar pueden acabar poniendo en tela de juicio los valores más sagrados del capitalismo neoliberal, poniendo trabas al desarrollo de la industria de armamento, el espionaje electrónico y la credibilidad de todas las instituciones. La estrategia de comunicación del poder no afirma que las cosas nos vayan bien, dice simplemente que nos irían mucho peor si nos hubiera tocado en el bando contrario y nos anima a apilar más ladrillos en el nuevo Muro que no tapará nuestras vergüenzas ni acallará nuestras lamentaciones.

Abrumados de tanta información, desinformación y deformación como proporcionan los informativos sobre la guerra de Ucrania, los ciudadanos españoles piensan que hay otros termas más preocupantes, como el paro y la corrupción y no mantienen una opinión clara sobre este conflicto bélico que es como se llama a la guerra en clave de corrección política. En teoría los europeístas deberían estar a favor del gobierno de Kiev y en contra del expansionismo ruso pero aún quedan comunistas nostálgicos (conozco uno) que por no apearse de la vieja burra apoyan las pretensiones de Moscú.

Digamos la verdad sin tapujos, a la mayor parte de la ciudadanía, Kiev o Moscú, Cañete o Valenciano, Van Rompuy o Hans Christian Andersen, se la traen al pairo. Subirá la abstención, entre otras cosas porque los ciudadanos están ocupados con otros asuntos. Europa es gobernada desde Invernalia por Angela Merkel y los Cañetes, los Guindos o los Montoros son sus vasallos más sumisos, desconfíe de sus imitaciones, son títeres metidos a manipuladores, muñecos de ventriloquia o zombies que se creen vivos y autónomos.

Pero entre la general desidia ante los eurocomicios, aquí me tienen dispuesto a seguir la campaña al pie del televisor, prestando especial atención a los partidos minoritarios que han aflorado bajo una premisa paradójica: Los partidos políticos no funcionan, fundemos otro partido político. No creo que me queden ni fuerzas, ni ganas para votar a nadie cuando llegue el día señalado. Como amante de las paradojas yo votaría por ejemplo al partido absentista, una formación dispuesta a no ocupar nunca los escaños que pudiera ganar, para que brillara más por su ausencia su  abstencionismo activo y crítico, las nulas ganas de participar en este juego amañado por una ley electoral que favorece que los peces grandes devoren a los chicos. El omnívoro Arias Cañete, es un político global (en forma de globo) la contraimagen de una España empobrecida, desempleada y hambrienta. Con un solo Cañete podrían alimentarse unos trescientos niños desnutridos…