De Atapuerca a San Fermín

Los Sanfermines dejarán en Pamplona millones de euros, algún que otro muerto, decenas de heridos, cientos de intoxicaciones etílicas, numerosos casos de abusos sexuales, destrozos vandálicos y otros delitos tumultuarios que forman ya parte de la tradición festiva. De los sanfermines me dan más miedo los humanos que los astados, los tarados y los energúmenos. Todo sea por la tradición y por la recaudación. Al peso de la tradición se remiten los partidarios de esta y otras fiestas populares, pero hablar de tradiciones en España es invocar a la más peligrosa de las bichas. Repasen la Historia: los autos de fe de la Inquisición, los golpes militares y las guerras civiles forman parte de nuestras más rancias tradiciones, los más conspicuos tradicionalistas navarros fueron los carlistas, según don Pío Baroja, animales de cresta roja que una vez confesados y comulgados bajan al llano y atacan al hombre. Las tradición cristiana, signo de civilización y símbolo de la europeidad tiene un catálogo de aberraciones sin cuento, ni cuenta, y las tradiciones más bárbaras se fundamentan en el hecho de que nuestros ancestros, corrieran toros, quemaran herejes o masacraran a sus compatriotas cuando no había invasores a mano para ejercer patrióticas y gloriosas masacres.

Olvidemos la tradición, lo importante es la pasta y los turistas que la desembolsan piden emociones fuertes y rituales salvajes para que les compense esta excursión a tiempos pretéritos, el turismo es, y me temo que seguirá siendo durante mucho tiempo, el principal recurso de este país de pandereta y las fiestas tradicionales son una fuente importante de divisas, si para conseguirlas hay que disfrazarse de flamencas o toreros, ponerse un capirote en la cabeza como penitenciado de la Inquisición, o un pañuelo rojo al cuello, si hay que acuchillar toros, o lanzar cabras desde un campanario, descabezar patos o azotarse piadosamente las espaldas ¡ Adelante!, todo sea por la Patria, España es diferente y en esa diferencia se basa su tirón turístico, decir o pensar lo contrario es caer en flagrante delito de antiespañolidad como nos advertía Esperanza Aguirre, política de casta y encaste taurino. Que se vaya al cuerno.

TVE, o lo que queda de ella, pone el foco en la promoción y retransmisión de los Sanfermines y de su entorno, además del colorista espectáculo, de las carreras y de las cogidas se multiplican las imágenes de multitudes enardecidas y beodas, berreantes y babeantes. Sangre y alcohol, sexo de barra libre y violencia de todos los géneros, un espectáculo denigrante que nuestra televisión pública apoya y jalea, exalta y recomienda. Por supuesto las restantes cadenas se apuntan también a la fiesta, las imágenes más impactantes se reproducen animando la programación que suele decaer en verano. La prohibición de correr los encierros y grabar con el móvil al mismo tiempo resultará difícil de aplicar, no hay quien ponga freno a las nuevas tecnologías. En las imágenes de este año vemos a un corredor volverse y arrodillarse para recuperar su teléfono a escasos centímetros de los astados. Corren toros y cabestros desmandados en olor y loor de multitudes. La primera corrida de la feria será un desastre, los toros de Torrestrella, probablemente estresados por el encierro, no dan juego. Silencio en los seís toros de la tarde. No sé a que le llaman silencio los taurófilos pero no me imagino a una multitud enmudecida en San Fermín, quizás sean los únicos momentos de silencio en estas fiestas estentóreas.

Los turistas extranjeros gozan estos días de la posibilidad y el privilegio de sentirse españoles por un rato, españoles salvajes en libertad, hijos de un encaste que antes tenía su origen en Altamira y hoy en Atapuerca, el canibalismo se impone a las pinturas rupestres como tradición vernácula y milenaria. Bienvenidos a la barbarie y al exceso y que Dios, versión Minotauro, reparta suerte.