Angela y su amigo imaginario

Se agradece encontrar entre los coágulos informativos de este verano sangriento y sanguinario noticias sin manchas de sangre, aunque no sean buenas noticias porque, como reza un maldito axioma de este maldito oficio,  las buenas noticias casi nunca son noticia y muchas veces son puras mentiras repetidas mil veces. Mentiras como las que proporcionan nuestros gobernantes cuando anuncian mejoras económicas  a la vuelta de la esquina y, minutos más tarde, exponen en la letra pequeña imprescindibles recortes de lo imprescindible antes de que nos asomemos a las nuevas calles de ese hipotecado y aplazado paraíso.

Angela y Mariano se perdieron por el Camino de Santiago y se encontraron más unidos que nunca. Después del eje Sarkozy-Merkel, el Merkozy, llega el eje Merkel-Rajoy, el Merjoy, propiciado por la intervención de Santiago Matamoros, santo patrón de la lucha contra la inmigración ilegal en Europa. El pacto francoalemán no acabó bien para el aliado de la canciller y no fueron los celos de Angela por Carla Bruni lo que acabó con la alianza, sino la dieta adelgazante de tan estricta gobernanta. Pero está claro que a Mariano le va la marcha, la disciplina germánica y la austeridad de recia raigambre ibérica, alimentada, es un decir, por la necesidad y cobijada por el orgullo. Memoria de aquellos hidalgos de una Edad de Oro, y de hambre, que se esparcían migas de pan sobre sus capas y gorgueras para aparentar que habían comido ese día. La amiga Merkel aceptó a Guindos como regalo de visita de su nuevo amigo invisible y lo apoyará en las instituciones europeas, pero a Cañete no lo quiere ni como animal de compañía.

El mismo Santiago Matamoros inspiró y auspició quizás la gloriosa intervención de la guardia civil marinera que interceptó a la embarcación recreativa del rey Mohamed en aguas de Ceuta. Tras el españolísimo gesto de Su Majestad que se despachó con un castizo “ustedes no saben quién soy yo”, Mohamed VI, cuentan, se pilló un rebote mayestático y pese a recibir todo tipo de excusas, genuflexiones y promesas de “esto no va a volver a ocurrir”  y “no se preocupe Su Majestad que a esos les meto yo en vereda”, el rey alauita, cuentan algunos observadores, ordenó un escarmiento inmediato enviando sobre nuestras costas y fronteras nuevas oleadas de inmigrantes.  Desde la toma de la isla de Perejil, con viento de poniente  y voz en off de Federico Trillo, no se había producido un incidente bilateral de tanta envergadura, pero es que confundir una patera o un cayuco con un yate de recreo escoltado por motos acuáticas es un error garrafal,  impropio del benemérito cuerpo. En su descargo, cabe decir que tal vez lo tomaron por un narcotraficante prepotente y chulesco que les desafiaba a una carrera. Estaban en aguas de Ceuta, pero por lo visto la Casa Real de Marruecos había avisado de las intenciones de Mohamed VI de darse un garbeo por la zona. Avisaron, vale, pero es que estamos en agosto que es como nuestro Ramadán pero a la inversa, y el cabo interino a cargo del servicio esos días lo archivó en el cajón de asuntos pendientes.

En el calor de agosto algunos políticos se mojan más de lo necesario, como la parlamentaria del PP de Ceuta que achacó la crisis a las subvenciones que se daban a colectivos de gays y lesbianas o el rampante alcalde de Valladolid, León de la Riva, cuando expresó sus, más bien infundados, temores de subir en el ascensor a solas con una mujer por si ésta decidiese quitarse el sujetador, arrancarse la falda y denunciarle por intento de violación. Este león miedoso probablemente estaba exponiendo una fantasía onanista, su deseo inconsciente de ser violado. Quinientas mujeres de Valladolid han respondido a su edil montando una cadena de sujetadores a las puertas del Ayuntamiento. Pero cuidado, el alcalde podría incautarse de algunos para llevar a cabo ritos fetichistas o practicarse la asfixia autoerótica.