Andorra y Gomorra

Roberto Saviano podría encarnar al protagonista de Gomorra, la serie que estrenó el lunes laSexta basada en su obra. La cadena ofreció un gran despliegue sobre su primicia y Saviano asomó su cabeza, rasurada y puesta a precio por los capos de la mafia napolitana. Desde que su libro escaló las listas de best sellers, los camorristas cambiaron su actitud: a la fatua vanidad de ver sus hazañas reflejadas por el escritor sucedieron las ansias de venganza y la persecución del autor, cuya familia más cercana desde hace un tiempo está formada por sus escoltas. Saviano, entrevistado en laSexta Noche se explayó, sobre todo con Jordi Évole, tras la emisión de los dos primeros capítulos de una serie que rompe con la tradición de las series americanas sobre la Mafia, series a las que presta explícitos homenajes. Los camorristas napolitanos no son Los Soprano, ni tienen los modales rudos y rústicos de los padrinos sicilianos, ni sus códigos de honor. La cocaína y la heroína han causado más muertes que el crimen organizado que la distribuye, las drogas duras quebraron todos los códigos y las jerarquías de un grupo étnico tan aferrado a sus tradiciones y leyes como los gitanos. Hoy, la cocaína, dice el escritor napolitano, mueve el mundo, mueve los capitales del mundo y blanquea todos los pecados del mundo. ¿Todos? Saviano habla en términos absolutos, parece uno de esos jóvenes serios que nunca fueron demasiado jóvenes y nunca fueron demasiado niños. Por sus gestos medidos y sus palabras precisas no parece mediterráneo, carece de la verbosidad y la gesticulación de que se les atribuye a los italianos meridionales y sus afirmaciones no se adornan con metáforas ni se desvían con circunloquios.

Si se investigaran a fondo las finanzas de los principales bancos españoles, no quedaría en España ni una sola entidad bancaria abierta, ni un banquero fuera de sospecha y de causa. Lo dice Saviano y lo defiende con argumentos de una lógica irrefutable. No dice más porque no tiene pruebas, solo indicios y certezas, datos, informes, no pide que le creamos, solo que investiguemos siguiendo esas líneas. El narcocapitalismo está detrás de la especulación inmobiliaria en Cataluña y de la burbuja del ladrillo en toda España, España es líder mundial en la distribución mundial de cocaína y por supuesto de blanqueo de dinero procedente de su tráfico.

En nuestra Gomorra particular il capo di tutti capi, el Padrino por antonomasia, se parece cada día más a Jordi Pujol con su clan familiar. Pujol, dicen ahora, extorsionaba en persona a los empresarios y anotaba las mordidas en un cuaderno, se supone que de hule, mordidas con IVA o sin IVA, según los casos, de una contabilidad paralela al más puro estilo mafioso. A Pujol le crecen los enanos de su jardín y empiezan a brotarle arrepentidos dispuestos a colaborar para salvarse de la quema total.

La imagen del jefe del clan de los Pujol va cambiando con los días y va perfilando una silueta de capo mafioso a la antigua usanza: a la tecnología desarrollada para urdir criminales componendas financieras se superpone el viejo sistema de toda la vida, el lápiz (probablemente en la oreja) y el cuaderno de cuentas, pendientes y ajustables. Los capos italianos acorralados también recurrían a los pizzini, papelillos escritos a mano y llevados en mano por mensajeros, que no dejaban huellas informáticas. La banda de los Pujol: el hijo que derrocha lo que roba el padre en coches deportivos o las maniobras para hacerse con la recogida de basuras en algunas ciudades de México parecen escenas de Los Soprano o de Gomorra. Las visitas a la curandera rural, el rito del huevo y los negocios anejos del patriarca podrían haber transcurrido en las proximidades de Corleone.

Hasta que emerja (que lo hará) una serie sobre los Pujol, nos conformaremos con Gomorra, que en su arranque ofreció una aproximación a la violencia más feroz, sin coartadas estéticas, salvo el desaforado kitsch de la mansión del capo, violencia salvaje y cutre. La serie empieza mostrando más los modos que los fondos de una trama cuyo desarrollo promete, denuncias más profundas, cargas de profundidad contra el narcocapital que todo lo puede, con todo menos con Saviano, al que ha convertido en recluso permanente.