Los liquidadores

En aquellos años, que fueron muchos y malos, una televisión única, en blanco y negro, reflejaba una realidad gris, alivio de luto de un país perpetuamente triste y silenciado. Televisión Española tenía dos canales, aunque muchos ciudadanos ni siquiera sabían que existía una segunda cadena, el UHF, cuya señal ni siquiera llegaba a toda la geografía nacional. El programa más objetivo de TVE era la  carta de ajuste y el telediario sustituía al diario hablado de Radio Nacional, única fuente de información autorizada y autoritaria, un noticiario al que sus oyentes seguían llamando “el parte” recordando los tiempos cercanos de la guerra civil. Los telediarios solían ser una versión diaria del nodo, solo que, tras el desfile de inauguraciones, los discursos y las demostraciones folclóricas y patrióticas, los corresponsales en países extranjeros informaban también de lo mal que lo pasaban en los países democráticos donde había huelgas y manifestaciones a todas horas, inseguridad, violencia y comunistas sueltos caminando por la calle. De los llamados países comunistas solo se hablaba en caso de  grandes catástrofes o hambrunas con las que la Divina Providencia castigaba a los ateos y a los réprobos. A golpe de nodo y telediario los televidentes vivían en un limbo que solo los demócratas irreductibles y los comunistas contumaces veían más cerca del infierno que del cielo.

El UHF, la 2, sigue siendo hasta hoy un canal minoritario, salvo en el caso de algunas retransmisiones deportivas que últimamente se van trasvasando a una primera cadena vacía de contenidos y de audiencias. La segunda cadena esconde, bien escondidos en horarios de alta nocturnidad, los mejores programas culturales, los musicales más innovadores, el teatro y el cine de calidad y algunos programas experimentales; su telediario nocturno, aunque contaminado por el oficialismo imperante, es excelente por la selección de noticias y por los comentarios de sus presentadores. Hurgando en ese cajón de sastre de la 2 se encuentran algunas joyas rescatadas de la quincallería dominante en una televisión arruinada en lo económico y en lo creativo.

Cachitos de hierro y cromo es un programa típico de la segunda cadena, un original repaso por los archivos de la casa referentes a la música pop, un programa original, barato y digno de mejor destino horario. Pecadores impequeibols, arrojado a las tinieblas de las madrugadas del domingo y conducido por Forges, es un ejemplo de programa de humor, amable pero incisivo, irónico, culto y efímero (solo se han grabado siete). La infame excusa que utiliza la dirección de RTVE para ningunear programas como estos es que solo llegan a audiencias muy minoritarias, cuando resulta evidente que es la propia empresa la que los ningunea arrojándolos a las tinieblas nocturnas de la parrilla, cambiando su ubicación y despistando a sus posibles seguidores. Una táctica tan vieja como burda que si se utilizara con la primera cadena, en caída libre de audiencias, obligaría a la televisión pública a volver a la carta de ajuste para rellenar huecos.

Sin publicidad, sustituida por patrocinios publicitarios y otras argucias, TVE está en bancarrota, en un momento dulce para privatizarla, que debe ser de lo que se trataba. El último capitán de este Titanic, después de una travesía catastrófica, ha abandonado el barco encallado, dejándolo para el desguace, todo está listo para poner los restos del naufragio en manos de quien pueda aprovecharse de ellos. El cierre de TVE sería el colofón perfecto para el definitivo desmantelamiento de los servicios públicos.

Sigo creyendo en la televisión pública, pero si quieren privatizar algo que sea esa primera cadena, que nos conserven la 2 con sus grandes documentales en los que los grandes predadores nos enseñan buenos modales a la hora de comer.