De la Pascua (Militar, por supuesto)

07 Ene 2015
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Los Reyes Magos de Oriente llegaron montados en sus camellos para repartir regalos entre todos los niños españoles. La noticia se lee en el telediario como si se tratase de una realidad contrastada, de una noticia real, tan real como la de la celebración de la Pascua Militar, presidida este año por el recién estrenado rey de España. Los Magos y los militares protagonizan diferentes simulacros, unos disfrazados y con barbas postizas y los otros de uniforme, con bandas y condecoraciones que avalan sus méritos (¿?). ¿Qué coño es la Pascua Militar?, ¿qué es lo que están celebrando exactamente? Fuera del ámbito estrictamente castrense, la Pascua Militar solo es materia noticiable para los medios de comunicación en su específica función de lacayos, en este caso de la Corte. Claro que este año, el discurso pascual del ministro Morenés le ha dado algo de significado con una arenga que parecía una carta a los Reyes Magos pidiéndoles que le renueven el armamento, más aviones, más misiles y más medios represivos para la Guardia Civil, que paradójicamente es un cuerpo militar. El discurso tal vez emocionara a los mandos militares con la promesa de nuevos y mortíferos juguetes de tecnología punta, que  quizás (sería buena señal) no llegarán a utilizarse nunca para sus fines primordiales de exterminio. En teoría, la jerarquía castrense sustenta esta tesis, pero muchos civiles, que no somos guardias, pensamos que en el fondo de sus almas de acero, bajo sus chaquetas metálicas, los militares están deseando experimentar con nuevas y sofisticadas maneras de matar. A eso les enseñaron en sus procesos de instrucción y para eso se apuntaron muchos a las fuerzas armadas, no para construir hospitales de campaña o proteger a las víctimas de los conflictos bélicos, sino para disparar con pólvora del Rey y acabar con los enemigos de la Patria. En el fondo no se conforman con los ejercicios y las maniobras aunque sean con fuego real. Jacques Brel, en una canción titulada Zangra, resume acertadamente este complejo castrense. Un joven teniente destacado en un puesto fronterizo sueña con el ataque enemigo: “El enemigo vendrá y me hará héroe”, se repite el teniente Zangra, mientras acumula ascensos sin que el enemigo se presente. Llega a Coronel y se retira unos días antes de que llegue el enemigo: “Ya nunca seré héroe”.

La Pascua militar ocupa varios minutos de un telediario de la primera cadena en el día de Reyes, segunda noticia después de la Lotería del Niño. Morenés es el único ministro del Gobierno que sale hoy en las noticias de la primera cadena de España y quinta de Alemania. El exvendedor de bombas de racimo, que fueron finalmente prohibidas por sucias y rastreras, tiene, con su discurso de este año, abierta la puerta giratoria para volver a su anterior actividad como mercader de la muerte con todas las autorizaciones y bendiciones pertinentes.

Corren malos tiempos para los ascensos por méritos de guerra, fábrica de héroes muertos y de generales ascendidos y recompensados. Cuantas más bajas haya tenido su regimiento, más gloria y más honores tendrá el responsable de haber enviado a la muerte a sus soldados; ganar una batalla sin disparar un tiro no conlleva tantas condecoraciones y felicitaciones.

A falta de héroes militares, el ministro del Interior ha condecorado a mansalva a los policías que intervinieron en las cargas de aquel 22-M en el que se multiplicaron las denuncias por brutalidad policial y desde amplios sectores se pidió la dimisión de los responsables hoy condecorados. El ministro Fernández, que no asistió al funeral del último policía muerto en acto de servicio, necesitará la mediación de las once mil vírgenes a las que profesa culto para reconciliarse con los sindicatos policiales, pero ni esa legión de virginales mediadoras conseguirá librarle de la mala y merecida fama que ostenta ante la sociedad civil. No durarán mucho tiempo, ni el ministro, ni su ley mordaza, concebida para minimizar los daños de un sistema y de un Gobierno que ya están tocados del ala. Ni los panzers de Angela Merkel, que hoy amenazan a un posible Gobierno de izquierdas en Grecia, podrán torcer el rumbo del cambio (ni el cambio de rumbo) ni podrán retrasarlo mediante la intimidación, la extorsión, el bloqueo y otras medidas miserables, pero esas medidas no harán más que reforzar la defección en masa de todas las víctimas del austericidio al que nos han sometido los últimos años.

Permítanme esta brizna de optimismo en los primeros días de este año maldito, según esa maldición china que dice: “Ojalá vivas en un tiempo interesante”.