Planeta Aguirre

El planeta Aguirre tiene una órbita excéntrica, entra y sale del Sistema, se acerca al Sol que más calienta o se pierde entre agujeros negros. El planeta Aguirre ha vivido su “año más temerario” y se lo cuenta a Jordi Évole, que le ha preguntado otra cosa. No hay agente de movilidad que pueda detenerla, Évole intentó refrenar en su entrevista de Salvados el vertiginoso ritmo con el que la lideresa que no cesa se entrevistaba a sí misma. En las raras ocasiones en las que la encastada política madrileña aterrizaba en el plató tras sus incursiones en los cerros de Úbeda, dejaba caer alguna bomba y se retiraba después para no ser afectada por la onda expansiva.

No ha habido recortes ni en la Sanidad ni en la Educación madrileñas, no en cosas esenciales. Évole no podía ni repreguntar ni exhibir los datos que demostraban lo contrario, Espe ya no estaba, era su programa “Aló Espe” y ella marcaba el guión. Fuera cual fuera la pregunta del periodista, Esperanza hablaba de Podemos, nadie le había preguntado sobre el tema pero el micro era suyo y no se amilanaba por esas minucias, confesaba sentirse en territorio hostil y acusaba a La Sexta de hablar demasiado de la plataforma de Pablo Iglesias, incurriendo reiteradamente en el vicio que achacaba a sus interlocutores. “A veces me doy miedo a mí misma”, reconoció Aguirre en uno de sus aterrizajes, pero cuando el presunto entrevistador trataba de repreguntar, Esperanza ya se había ido. De hecho se fue dejando a Évole con la palabra en la boca, sentado junto al balcón del triunfo de Génova 13. Para asomarse al balcón los triunfadores del PP tienen que salir por la ventana, algo que no han sabido solucionar con la última y polémica reforma de la sede, aunque quizás sí han arreglado el tema de las salidas de emergencia por la puerta falsa y engrasado los goznes de la puerta giratoria.

Subiendo por las escaleras Évole ironizó sobre la reforma: “Os ha quedado muy bonito esto para haberlo pagado en B”, y Esperanza no contestó porque ya estaba dos pisos más arriba a las puertas de sus dominios, en los que nunca entró Bárcenas ni jamás se habló de la Gürtel, salvo en susurros. Nos quedamos sin saber cuáles son sus métodos de trabajo como cazatalentos de una empresa catalana, aunque sabemos que tiene un olfato especial para detectar corruptos y corruptibles, con ellos engalanó su Corte madrileña, corte de los milagros y patio de Monipodio particular.

Esperanza destapó el caso Gürtel que apestaba en la olla podrida de su cocina y, cuando el pestazo fue insoportable para su delicada pituitaria, desapareció hasta que se disiparon los mefíticos efluvios y Francisco Granados, última joya de su corona, estuvo a buen recaudo. Hay una frase que dice que cuando alguien se va sin que le echen vuelve cuando no le llaman. A Espe ya tardaban mucho en llamarla y volvió a tocar en la puerta. Entre Ana Botella y yo, elijan ustedes mismos, o la sartén o el fuego y han elegido el fuego, ese fuego en el que ella no pondría la mano ni por Mariano porque ya se ha quemado demasiadas veces.

La gran cazatalentos y cazarecompensas, Esperanza Aguirre ya está en campaña con su repajolera gracia de maja madrileña, como aquellas aristócratas de los pasados siglos que adoptaban los aires de la “manolería” para acercarse al pueblo. Esperanza vuelve a la lidia y a la calle dispuesta a ponerse el mundo por montera como una Madonna sexagenaria para seguir haciendo de las suyas, haciendo suyo lo que es de todos para repartirlo entre la terna. Algún día tendrán que devolverla a los corrales entre una manada de cabestros de su ganadería.