Delitos de opinión

Fue Adolfo Suárez, en su etapa como máximo responsable de TVE, el que cerró el departamento de censura, dividido entonces en dos secciones: censura política y censura religiosa, dirigidas respectivamente por un falangista y un cura que supervisaban con sus colaboradores todos los contenidos de la programación. Los tiempos estaban cambiando por lo menos de denominación, comenzaba la era de los eufemismos, con Suárez la censura se camufló con el nombre, aparentemente inofensivo, de Secretaría General Técnica (División Final de Contenidos). Desaparecieron el falangista y el cura, al menos ya no iban de uniforme, y comenzaron a medrar algunos funcionarios especializados en detectar las presuntas infracciones, “técnicas”. En el departamento de programas musicales ascendió en el escalafón un empleado por su conocimiento de la lengua catalana muy útil para descifrar los mensajes políticos que presuntamente introducían en sus letras los representantes de la la nova cançó, con Raimon a la cabeza. La torticera perversidad de estos cantautores llegaba al extremo de politizar también las músicas. El funcionario catalán, llevando su celo hasta el final, detectó por ejemplo que una canción de Ramón Muntaner se parecía sospechosamente a Els Segadors, himno prohibido del catalanismo. En el mismo informe se denunciaba que Joan Isaac, había dicho “mi país” para referirse a Cataluña y como colofón se apuntaba que en el programa Mundo Pop habíamos hablado, elogiosamente, del “cantaor marxista” Manuel Gerena. Digo habíamos porque a mediados de los años setenta yo dirigía y copresentaba el polémico programa que sería definitivamente suspendido por emitir una canción de Pablo Milanés contra Pinochet. Según el detallado informe, la emisión de la canción habría coincidido con una votación de la ONU sobre la dictadura chilena. No sé si la División Final de Contenidos sigue ejerciendo esas labores, claramente superfluas hoy porque todos los responsables de los contenidos, sobre todo en los programas informativos, parecen haber salido de la citada Secretaría Técnica y son profesionales de la manipulación que no necesitan consignas, herederos de aquel Urdaci que deletreó C.C. O.O. para no mentar a la bicha en una rectificación obligada por los tribunales.

Ernesto Saénz de Buruaga, otro icono de la desinformación técnicamente programada, se preparaba para inaugurar esta semana un nuevo programa de debate, España opina, pero el consejo de administración de RTVE ha desestimado, de momento, la propuesta con cuatro abstenciones de consejeros designados por el PP que han roto el voto de obediencia debida, los muy ingratos. El programa abortado (con perdón) incumplía de entrada la ley vigente de 2006 que especifica que RTVE no puede externalizar (perdón de nuevo) la producción de programas informativos y el ente había decidido que una productora privada colaborase en la puesta en marcha del proyecto. Un programa de debate, con ese título, en período preelectoral y dirigido por el ínclito Buruaga, habitual en los programas informativos de la caverna mediática, era demasiado, incluso para los consejeros populares. Ya les queda poco para seguir ejerciendo esa dictadura del mercenariado que han aplicado durante el Gobierno popular. Una nueva oleada de fieles mercenarios acaba de llegar a TVE para defender el bastión, desplazando a los informadores de plantilla, críticos o simplemente tibios con las directrices del ente. La previsible debacle del PP en los próximos comicios anuncia la caída de los entes televisivos de diferentes autonomías que han sobrevivido a la corrupción, el despilfarro y la manipulación de sus gestores políticos. Si las encuestas cumplen sus previsiones, Esperanza Aguirre no podrá tener su Aló Esperanza en Telemadrid, aunque quizás pueda reciclarlo como un programa de humor. La lideresa tiene madera de monologuista y si no…desmiéntanmelo.