Enorme Wyoming

Me encanta Internet. Primero genera una avalancha a raíz de un canal tan ultra… er… minoritario como Intereconomía. En aproximadamente 24 horas todo el que quería atacar al Gran Wyoming o defenderle a capa y espada tenía material videográfico para argumentar su culpabilidad o su inocencia.

Al día siguiente, el lunes, se dispararon los rumores en todas las direcciones posibles. Desde la teoría de la conspiración hasta rocambolescos giros dramáticos como apuntar a la hija de Wyoming como protagonista del vídeo.

Todo era una broma, para alivio de fans y rabia de detractores (desde mi casa oímos un suspiro y un crujir de dientes simultáneo). Y Wyoming demostró que es mejor actor haciendo de sí mismo que interpretando un papel.

El intermedio

Yo aplaudí, qué quieren que les diga. Un poco de alivio, eso sí.

Una nueva lección de periodismo por parte de la gente que se supone que está para hacernos reír. Dice la leyenda (y las videotecas) que Jon Stewart tuvo que espetarle a un montón de periodistas serios un “ey, que soy sólo un cómico” ante la presión que ejercían sobre él por sus punzantes críticas políticas.

El intermedio nos mostró los ataques dirigidos desde Más se perdió en Cuba y, más allá de los insultos gruesos, sorprendió oír a un contertulio hablar de cómo gente como Wyoming son los que marcan la cultura y “la educación para la ciudadanía”. ¿No era que Zapatero manipulaba a los titiriteros? ¿Desde cuándo es al revés?

El coscorrón a Intereconomía fue monumental, aunque sólo los muy convencidos deben seguir creyendo en la labor periodística del grupo más allá de los números que bailan en el Ibex. Pero más allá del objetivo individual, la onda expansiva afecta a todos los medios y a las absurdas guerras entre ellos.

¿Imagináis que los medios de comunicación volvieran a dedicarse a informar? Bueno, no me hagáis caso. Yo también soy sólo un cómico. O un payaso.