Mi televisión y otros animales

Un ninja en la corte del rey Felipe (IV)

"Pero es que en el siglo XVII no había ninjas en España".

"El lenguaje no es el que se hablaba".

"Murillo no se llamaba Murillo y además vivía en Sevilla".

"El conejo que roba Satur es de una raza que no había llegado a Madrid en esa época".

"Los justicieros enmasacarados del Siglo de Oro no sabían hacer un matrix para esquivar las balas. Esa técnica no la aprendieron hasta que fusilaron a Gila".

¿Me dejo algo? Repasen el primer episodio de Águila Roja o véanlo en su estreno televisivo esta noche y pongan en los comentarios su queja pejiguera favorita. Ahora, les advierto que Robin Hood tampoco era exactamente una hermanita de la caridad y que nunca hubo nadie vestido de negro con un látigo y una espada y desafiando a la autoridad en la California española. Hum... puede que Karl Lagerfeld.

Javier Pons, director de TVE y mago de la ironía inconsciente, ha dicho que Águila Roja marca "un momento histórico". Daniel Écija añade que "es un enorme esfuerzo de producción para hacer creíble una ficción de época". Hombre, no os hagáis los chistes a vosotros mismos.

En Águila Roja no hay más historia que la ficticia, no le den más vueltas: se trata de un divertimento en el que lo importante es que hay un bueno muy bueno que le tiene que patear el trasero a una manga de malos muy malos. Critiquemos sólo eso. ¿Hay tópicos, intrigas y situaciones más manoseados que los pechos de Yola Berrocal? Sin duda. Si nos ponemos, el argumento de la trama podría ser una película de Steven Seagal si la llevamos a una prospección petrolífera en Alaska. ¿Y?

¿Que se notan los dobles de acción? Muchísimo. Da igual, tampoco me creería que Javier Gutiérrez hace todas esas cabriolas. ¿Se ven a la legua también los chromas y los decorados? Ya, yo tenía esperanzas de que fueran a rodar al siglo XVII, pero ese maldito Daniel Écija ha vuelto a preferir ahorrar costes.

Espero que no se metan también con los actores. Recordemos que están dando vida a carácteres, no a personajes. Son tópicos con patas, seres de una sola pieza como guiñoles dispuestos a devolvernos un instante de inocencia. Un instante de ochenta minutos, eso sí, manda gónadas masculinas. Ya sabemos cómo funciona la producción en España, pero de verdad que no necesito que me repitan ocho veces lo tristes que están los protagonistas sin la mamá fallecida. Aligera, hombre. Y si te vas a pasar por el arco de cuchilleros todas las realidad histórica, no te enfangues en costumbrismos de cartón piedra.

Mi única queja seria es que si esto lo cogen los americanos, te hacen Hércules o la más reciente Legend of the seeker. O incluso Buffy, qué demonios (¿han visto el juego de palabras para frikis? Estoy que lo tiro). Vamos, lo hacen y lo venden como un pasarratos intrascendente y punto. Es lo que es y a mí me parece estupendo. Mucho mejor que ese supuesto trasfondo histórico y reivindicativo de los panfletos del capitán Alatriste. Que sí, que la España decadente y todo eso, pero ¿cuándo se van a liar a espadazos?

La serie tiene un público potencial muy amplio y todos los nostálgicos del Coyote o del Zorro se van a enganchar, ya verán. Lo que me molesta es que me lo vendan como una gran superproducción. Es que yo soy de una generación en la que ese término todavía lo asociamos a cosas como Lo que el viento se llevó o Ben-Hur. Con lo bien que quedas diciendo que es como el Corsario Negro en Madrid y con katana.