Orgullo friki

Si la palabra “serendipia” existiera, hoy sería uno día perfecto para usarla. Pero no, no existe. ¿Me oyes, Iker Jiménez? No existe. Como la mitad de las cosas de las que hablas en tus programas, por otra parte. Ay, si Richard Feynman levantara la cabeza…

Pensándolo bien, si lo hiciera, seguramente sería fan de The Big Bang Theory. Este post sale a media tarde y no por la mañana como es habitual porque llevo horas escuchando la canción de la cabecera, interpretada por Barenaked Ladies. Esta:

Anoche terminó la segunda temporada de la serie en la CBS americana y ya estoy arañando las paredes para que saquen la tercera. Les cuento de que va: dos frikis, doctores en Física, comparten un piso en el que llevan la típica vida de friki haciendo cosas de frikis con otro par de amigos que también son unos ¿lo adivinan? Frikis. Hasta que al piso de enfrente se muda una espectacular aspirante a actriz y actual camarera rubia que les vuelve locos a todos. Bueno, casi a todos, porque uno de los protagonistas, Sheldon, es como C3PO pero en insensible.

La mano que maneja a estos frikis es la de Chuck Lorre, un guionista de 56 añazos que ha estampado su firma en episodios de Roseanne, Dharma y Greg y que compuso música para la serie de televisión de las tortugas ninja (si no doy este dato, reviento). También es el creador de ese fenómeno que escapa a toda explicación racional llamado Dos hombres y medio que peta todos los audímetros en América y que aquí te puedes encontrar en La2 si no eres lo bastante ágil con el mando.

The Big Bang Theory es una sitcom clasiquérrima. Con sus personajes arquetípicos, sus situaciones hilarantes y absurdas (el capítulo en el que compran la máquina temporal de El tiempo en sus manos es antológico) y las habituales relaciones interpersonales. Cualquiera que haya sido un poquito friki en su vida está con Leonard y su amor más o menos imposible por Penny.

A pesar de unos esquemas tan repetidos, les sorprenderá. No teman, no es sólo para físicos o estudiantes avanzados de klingon. Aunque es verdad que aquéllos disfrutarán más cuando dos personajes tengan una discusión pareja discuta por culpa la teoría de las supercuerdas y éstos le sacarán más jugo a las visitas a la tienda de cómics.

Tal vez no pase a la historia de la televisión como Seinfeld o Friends, pero desde luego, la dosis de The Big Bang Theory es uno de los momentos más divertidos de la semana. Y cuando me quiero dar cuenta, ya ha acabado. La relatividad especial, supongo.

¿Y por qué usaba la palabra esa que no existe al principio del post? Pues porque justo hoy Croakx ha publicado un vídeo de la Society for Geek Advancement, que suena a algo parecido al Día del Orgullo Friki, y porque también este martes salía el segundo y desternillante episodio de Superegos.

Así que ya les he colado el spam otra vez.