Perdidos y Eurovisión

Y no, el post no va sobre fenómenos inexplicables.

Mucho se me ha acusado este fin de semana de centralista que se coge vacaciones sólo porque es fiesta en Madrid. ¡Falso! Vamos, que es falso que se me acusara de nada.

Sin embargo, como bloguero vuestro que soy os debo una explicación y os la voy a dar: el viernes no hubo post porque estaba recuperándome psicológicamente del final de temporada de Perdidos. Tras una profunda meditación he decidido no hibernar hasta el estreno de la sexta temporada lo que era mi intención inicial y lo más parecido a mi estilo de vida actual, por otra parte. En su lugar, venceré la impaciencia con textos sencillos como el Ulises de Joyce o los manuscritos del Mar Muerto. Cualquier cosita que me ayude a relajarme del esfuerzo intelectual de intentar adelantarme a estos guionistas del infierno. Por cierto, tengo un documento de YouTube en exclusiva (ejem) que demuestra cómo se crea un capítulo de Lost. Para lo que no sois de Opening:

Y no digo más, que se me escapan los spoilers. Si aún no os habéis enganchado a la serie, ¡rápido! Todavía estáis a tiempo de llegar con los demás al desenlace.

Y lo de Eurovisión. Miren, el año pasado driblamos un encuentro familiar para ver a Rodolfo Chikilicuatre liarla de buen rollo. Lo que vimos este año fue una ración de croquetas, una de empanadillas coreanas, lomo bajo de buey a la mostaza y una tarta de queso que se me saltaban las lágrimas.

Y eso.

Actualización: Por si alguien echa de menos que comente El internado, ahí va un análisis poco ortodoxo.