Fuentes y la lluvia de ideas

El punto de partida de cualquier programa de televisión es un brainstorming o tormenta de cerebros.  Es lo que les pasa cada año a los concursantes de Gran Hermano, para que vean que no siempre funciona.

La técnica antes mencionada (el brainstorming, no Gran Hermano), consiste en un montón de gente diciendo lo primero que les pasa por la cabeza a ver si de ahí sale alguna buena idea. Como en el Congreso, pero en teoría no vale echarle la bronca al que diga una chorrada.

Pensándolo bien, como en el Congreso, punto.

Se supone que en el proceso surgen ideas mejores o peores y por lo general inconexas de las que se empieza a tirar hasta seleccionar una línea clara con unos cuantos puntos coherentes que serán los puntales del programa. Es un punto de partida para que los guionistas tengan por dónde a empezar (o dicho de otra forma, para que esa raza vil no tenga excusa para escaquearse).

De todo lo dicho hasta ahora las palabras clave son “punto de partida” y “coherentes”. El problema de Malas compañías, el nuevo programa de Manel Fuentes en La Sexta es que salieron tan crecidos del brainstorming que se quedaron con todas las ideas y tira p’alante.

Es difícil saber si me gusta el programa porque no sé de qué va. Tenía un reportaje larguísimo de Raúl Peña aprendiendo a ser un monje shaolín que molaba, pero que no estaba claro de a qué venía. Sobre todo porque antes habían puesto una cámara oculta sobre la piratería (con la enésima repetición del chiste de la ministra y Mentiras y gordas) y después leyendas urbanas sobre cómo pasar un control de alcoholemia. Y otro destapando el timo de los videntes.

No estaban mal planteados, si acaso con los típicos y excusables fallos de primer programa. Pero todo el rato la misma sensación de no saber a qué venía. Llegué a pensar que era culpa mía, que estoy demasiado acostumbrado a programas pegados a la actualidad como para entender otra cosa. Pero, claro, como también metieron cosas de “actualidad” (los bocadillos comiqueros a los políticos, lo más flojo del programa con diferencia).

Sospecho que tenemos una nueva traducción coja, sólo que en lugar de inglés yanki, el original es argentino. Se dice que nadie ha logrado hacer caso a un argentino el bastante tiempo como para crear una equivalencia entre su idioma y el español.

No he visto mucha televisión de Argentina, pero con una productora de ese país (Cuatro Cabezas)  y los cuatro formatos de ashá que he visto, me da la impresión de que hay un intento de traer un estilo rioplatense, descafeinándolo para que los españolitos no flipemos demasiado. Y que ha quedado una cosa así como… y claro… con todo y… eso.

Ya sé lo que están pensando: que no me voy a mojar. ¡Pues claro que no! Si no lo han hecho los productores con sus guionistas, no seré yo el primero. Potencial para salir algo grande, tiene. Ahora, con tan poca personalidad, no está claro que vaya a haber nadie allí para verlo.

Como los que ganan OT cada año, para que vean que no siempre funciona.