Sardá, ese gran comunicador

Hace poco una persona muy importante del audiovisual español comentaba on background: “todo el mundo dice que Sardá es un gran comunicador. ¿Por qué?”.

Hombre, hizo Crónic… ya, vale. Bueno, pero antes ya trinfó con Moros y… ahm… bueno. Ejem. ¿Y Juego de niños? El presentó Juego de niños la última temporada antes de que desapareciera el programa. Er…

Recurrimos entonces a la radio, dónde La ventana fue un exitazo durante… ¿esto está bien? ¿Sólo tres años? ¡Pero si Gemma Nierga lleva más de diez! Bueno, pues volvemos a la tele. No sé, Dutifrí. ¡En Tú sí que vales estaba gracioso! Claro que si pensamos que le sustituyeron los Morancos, no sé a qué altura queda este buen hombre.

Javier Sardá

Este rápido repaso quizá nos sirva para entender un poco mejor el anuncio de la desaparición pactada de su último “experimento”, La tribu. Y el entrecomillado pueden leerlo pronunciando “clon de Crónicas marcianas”. No sé lo que esperaban en Gestmusic, en Telecinco, la audiencia o el propio Sardá, pero desde el minuto uno, estaba claro que lo que teníamos era un reboot. La palabreja, la última de moda en Hollywood, designa a los remakes que no son exactamente remakes, y que sirven para relanzar una franquicia en decadencia. Son reboots Star Trek, 90210 y María Teresa Campos en La mirada crítica. El problema es que en seguida se fue la Milá y entonces La tribu ya fue un remake como la copa de un pino (con perdón).

Estos días leeremos y oiremos cosas como “la audiencia ha madurado” para explicar el fracaso de Sardá. Sí, claro. Por eso Jorge Javier triunfa con un Tomate realiñado y a OT y Supervivientes no hay quién les baje de la burra. No, amigos. Nosotros seguimos siendo tan tontacos como el conde Drácula en un fotomatón. ¿Qué pasó entonces?

Hay quién da importancia a posibles imposiciones de la cadena, que coartaron la libertad creativa del gran comunicador. El ambiente entre Telecinco, Mainat y Cruz de Gestmusic y Sardá está ciertamente enrarecido y eso pudo afectar. Pero hay pocas posibilidades de encontrar mayor libertad televisiva  que el primer programa de La tribu. Y viéndolo se entiende por qué.

También se levantan muchos sombreros haciendo notar la mejora de share de las últimas semanas y que aún así el programa se retire. Da la impresión de un pacto entre caballeros y cierto savoir faire. Es cierto que los datos porcentuales han mejorado (levemente), pero tras seis programas, nunca se ha vuelto al 14,9% del día del estreno. Una cifra ya de por sí inferior a la media actual de la cadena (por poco, eso sí) y muy baja para competir en el late night. Pero si miramos con más atención, vemos que al hablar de número total de espectadores, la curva siempre se ha mantenido en descenso.

Todos llegamos a creernos que Sardá era una mala bestia de la comunicación, una apisonadora del share, un prestidigitador del espectáculo televisivo. Y lo que es peor: todo el mundo creyó que con eso bastaba. Nosotros, como espectadores, tenemos un pase: podemos cambiar de canal. Lo malo es que cayeron en esa misma trampa la cadena, la productora y el propio Sardá.

Si hasta Alonso sabe que hasta que no le den un Ferrari lo más que va a ganar son amigos. Y mira cómo ahora ya no va sólo con Lobato.