Mi televisión y otros animales

La tele de mayores no es para niños

Seguimos con la semana de las pataletas. No sé si es que la actualidad está por la labor de tocarme las narices o si debo ir comprándome una cachaba para cuando sea un viejo cascarrabias. Lo espero con impaciencia, no lo duden.

Les voy a explicar por qué no soy cronista deportivo: porque no me gusta. No sigo ninguna competición y me cuesta distinguir una canasta de Nadal de un podio de Gasol. Así que si me viene Lissavetzky y me pide un estudio sobre la situación actual del combinado nacional de petanca, declino amablemente la invitación y me voy a comer un helado. Lo del helado no tiene nada que ver, es que hace calor.

Se ve que no todo el mundo es tan humilde como yo, que soy un tío grande. Así que el Defensor del Menor de Madrid, que no es el guardaespaldas de Losantos, le ha encargado a la Asociación de Usuarios de la Comunicación que le cuenten cómo está el tema en las teles con lo suyo. Y ellos, pizpiretos y dicharacheros, le han colado un tocho titulado Qué menores ven nuestros menores en televisión. No sé si es un título brillante o... o no. Comprenderán que no me voy a meter en el jardín de hacer chistes sobre una gente que no sé quiénes son. El nombre de la asociación no da muchas pistas: mi gata también es usuaria de la comunicación. Sólo que en lugar de ondas herztianas usa las garras y los colmillos con una locuacidad que para sí quisiera Gaspar Llamazares.

De la nota de la agencia Efe publicada por El Mundo, destaco un par de fragmentos. Dice que una de las conclusiones del estudio es la banalización del consumo de dorgas, sobre todo alcohol, "que se convierten en un rasgo imprescindible y rutinario de las relaciones entre iguales, sin que suelan aparecer referencias a las consecuencias que pueden provocar estas prácticas".

Se refieren a Física o Química y HKM, por citar un par. No se refiere a Informe Semanal o el Telediario, no. ¡Habla de ficción! Les preocupa que las series reflejen la realidad social. Porque a mí esto que dicen me recuerda mucho a cuando la chica que me quita la sábana por las noches me habla de sus alumnos del instituto. Ya no voy a decir nada sobre la gran influencia social que puede ejercer una serie con el arrollador éxito de HKM.

La prueba definitiva de que la  Asociación de Usuarios de la Comunicación todavía creen que podrán coger la TDT con el Telepick (al final no he podido resistirme) es que caen en el habitual argumento de la imagen deformada de la infancia que ofrecen los niños de Los Simpson, Padre de Familia y Padre made in USA. Se dejan South Park, claro. Y Carrie, que también da una versión poco realista de la juventud. Ah, no, pero Carrie es cine. Que si no...

Desde aquí les señalo otras deformaciones que pueden ser malas para los niños y que pueden verse en los programas infantiles que ven ellos:

  • Ana Obregón y Belén Esteban no son ejemplos a imitar.
  • Si llaman a un call tv, es posible que en realidad no ganen dinero.
  • En la vida hay que trabajar. Los habituales espectadores de tres años de Gran Hermano podrían no entenderlo así.
  • Si alguien les está regalando con una buena sesión de sexo oral y aparece su pareja, ésta no se unirá a la fiesta.
  • La gente envejece. Jordi Hurtado puede confundir el cerebrín de los más pequeñuelos.

Como caiga en manos de estos señores una cinta de hentai, se quedan en el sitio.

Sí: no se van a mover de él.