Para algo bueno que digo de Telecinco

¡Son ustedes lo peor! Quizá ustedes, ustedes no, porque precisamente ustedes que me leen parecen gente con criterio, sensibilidad y no poco atractivo. La tele nos cría y nosotros nos juntamos. Pero así, el conjunto de la población es lo peor.

Porque este miércoles, Telecinco decidió descolgarse con una de las propuestas más blancas que se le ha visto en mucho tiempo, Mi familia contra todos. Televisión de entretenimiento de la de toda la vida. ¡Un concurso de prime time, por el amor de Joaquín Prat (padre, por supuesto)! Y la mayor parte de los espectadores se mete las manos en los bolsillos y se va silbando a Comando actualidad. Al próximo de esos que se me queje de la telebasura le hago lo de La naranja mecánica con un maratón de Pocoyó.

Curiosamente, después de ver el estreno, me pasé por la web de TV3 a ver qué se cuenta Berto en su crítica a los críticos del Divendres y me encontré su sección de la semana pasada:

Berto en Divendres

Está en catalán, sí. Yo tampoco hablo catalán, pero me imagino que dicen cosas divertidas y cuando se ríen, me río yo también. Total, es lo mismo que hago con las sitcoms con risas enlatadas.

Resalta Berto la costumbre de los críticos, esa raza inmunda con la que no tengo nada que ver, de hacer chistes con los títulos de los programas, tipo Los poco exitosos Pells, Sin cómplices y así. Dice él que con los que fracasan, pero es extensible a todos. Menos de doce horas después, ya me encuentro con un “Mi familia contra pocos”. Y como me han pisado el chiste, me marco un par de párrafos riéndome de esa costumbre.

Estaría bien acceder al minuto a minuto de audiencias para ver desde cuándo falló el concurso. Si es desde el arranque, la culpa es nuestra, si no, de la producción. Que se va a llevar lo suyo sí o sí. Mi familia contra todos es un concurso clásico de prime time, con familias (sí, amigos, así de enrevesados son poniendo los títulos) y premios que otrora serían millonarios y ahora son milenarios. Milenarios de Arrabal, porque una de las recompensas consistía en 120 botellas de vino.

El grueso del programa se lo lleva examen tipo test de cultura general que dicen más del sistema educativo español que toda la temporada de Curso del 63. También aparecieron las clásicas pruebas de meter la mano en una urna con cucarachas y algunos momentazos más. Ese es el mayor lastre del formato; salvo esos hitos, todo el rato es la misma dinámica: elegir tres provincias, destapar el premio que esconde una, si no gusta cambiarlo por otra y desechar la tercera y responder una pregunta. Así casi dos horas. Le falta chicha para prime time. Es un concurso para las ocho de la tarde al que le han metido clembuterol para que dure el doble y premios más gordos para que luzca.

Supuestamente había un presentador y un sidekick, pero éste, el Koala, apenas apareció unos minutos, descolgándose del techo con un jamón. Lo inquietante es pensar cuánto llevaría ahí colgado. El titular, Jesús Vázquez, mantuvo el tipo de forma admirable. Empiezo a sospechar que es Don Limpio con peluca, dada su capacidad para repeler la basura que le rodea sin que le afecte.

Lo bueno es que, cuando la semana que viene nos casquen un especial de La noria para rellenar mientras se les ocurre qué hacer con los miércoles, podré poner Granjero busca esposa sin cargo de conciencia.

Si mantienen el concurso no tendré más remedio que arrastrar cargo de conciencia. Qué se le va a hacer.