¡Páguenme un anuncio!

Aunque sea en La Sexta, ¿no sería bonito financiar entre todos un spot televisivo de Mi televisión y otros animales! Con un euro que pongan cada uno de ustedes, puedo salir hasta cuatro veces fácil ¡en el descanso de Cocina con Bruno! Pensándolo mejor, Bruno, luego te cuento lo que debes por esta mención.

Les digo todo esto porque he estado echándole un ojo a la lista de tarifas publicitarias en televisión. Es un documento muy curioso. Permite hacernos una idea de cuánto pueden ingresar las cadenas por cada uno de sus programas. Más o menos, porque hay conceptos en el tráfico de tiempo publicitario que se nos escapan o no están reflejados en los informes que les he enlazado.

Tarifas publicitarias

La captura la han hecho en Vaya tele, que son muy apañaos

Por ejemplo, si Telecinco cobra hasta 35.000 por cada 20 segundos de su horario preferente, en un día tonto puede ingresar más de un millón de euros por hora, suponiendo que respete la limitación legal de tiempo publicitario y que sólo ingrese por spots. Y sepan que los spots son ya la publicidad baratera, superada por formatos como los high quality (esos de “volvemos en 30 segundos”).

También podemos aprender que si a Telecinco le multan por exceso de saturación publicitaria y tiene que apoquinar 60.100 euros, a Vasile le da la risa floja. Aunque es posible que descuente esa cantidad de la cesta de navidad de los empleados (¡lloricas!).

Si se fijan, les llamará la atención que no hay una relación directa, no siempre, entre volumen de espectadores y tarifas. Algún avispado lector se habrá llevado las manos a la cabeza al ver que Cuatro tiene un horario preferente más caro que Antena 3 y bastante equiparable a Telecinco. Es que comprar audiencia, que es en definitiva lo que hacen los anunciantes, es como comprar jamón: si te dan las cosas seleccionadas y cortadas y sin hueso, eso hay que pagarlo. Cuatro salió desde el principio a por el target comercial (público urbano, de clase media en adelante, entre 18 y 45 años), el que tiene más dinero para consumir y cuando va a vender anuncios puede decir que sus bloques vienen sin corteza ni hueso y con el tocino justo.

Este cuadro deberían metérselo en la cabeza los comerciales de muchos medios, sobre todo digitales, que siguen creyendo que segmentación es una cosa de las clases de geometría de EGB. También es una valiosa lección para cuando se les caiga encima la TDT y no haya más remedio que vender anuncios para cadenas tipo CanalCampo o Encaje de bolillos TV. Serán líderes en su campo, pero igual no tiene mucho sentido anunciar allí el MacBook Air o el último disco de Artic Monkeys y sí habrá que sacarles una pasta a los fabricantes de abonos y proveedores textiles en general.

Y es por esto y no porque pixele las caras, por lo que TDT les suena a enfermedad contagiosa a muchos gerifaltes de la tele actual.