El pequeño carnaval

Primera aclaración: no me escaqueo de contestar a sus comentarios en el post sobre el famoso manifiesto. Los sospechosos habituales ya sabes que siempre contesto, aunque a veces tardo varios días. Por otra parte, como la respuesta da para un post y no algo tan incómodo como un comentario, seguramente me lo lleve al Anomalario, que tiene una bella sección llamada Gurú lo serás tú para estos fines.

Dicho esto, me pongo el sombrero de ser pedante y les llamo la atención sobre la noticia de Vertele titulada ¿Incitó un reportero de TV al linchamiento de Diego Pastrana? Y les voy a responder, rotundamente: no. Uno no. Muchos. Aunque con linchamiento se refieren a las increpaciones que recibió este señor al ser detenido, no al mediático. Es que no hay nada como lo artesanal, oiga. Lo dicen por este vídeo:

Anda, que llamar a esto linchamiento… nunca han leído los comentarios de un blog, fijo.

El sombrero de ser pedante me lo pongo para recordar una película de Billy Wilder titulada El gran carnaval. También podría haber mencionado el genial No está pasando de Salvados, pero perdería puntos de pedantería. La esencia es la misma: que la realidad no te estropee una noticia. Y si la realidad está puñetera, la cambias. En la película, el personaje central se dedica al periodismo y quiere aprovecharse de un hombre atrapado en un pozo para crear la historia de interés humano que le lance a la fama como profesional de la información. Por decir algo. Pese a lo que puedan pensar, el protagonista es Kirk Douglas, no Nieves Herrero.

En la era del infotainment (infotretenimiento o informativosdelasexta) no queremos información, queremos relato. Y los malos tienen que ser malos, como en Walker, así que no nos vale que salga un chaval esposado, no vaya a ser que alguien piense que tiene derecho a la presunción de inocencia. Nuestro espectador necesita ver que el pueblo llano y bueno lo desprecia como el villano que es. Grissom ya le tiene pillado, es el malo, que tengamos un cierre dramático antes de poner las letras.

En el fondo, cuando nos ponen alguna noticia de sucesos, lo que de verdad queremos ver es una versión compactada de CSI o de Canción triste de Hill Street. Con la salvedad de que a la televisión le salen mucho más baratos un protagonista anónimo por episodio que una panda de actores. Con el problema de que la realidad, muchas veces, es una guionista mediocre. Por eso necesita que los que la cuentan la mejoren con la puesta en escena.