Regreso al pasado (vía montañas)

La noche del domingo fue dura para los que vivimos en el presente, que por otra parte es el instante en el que el pasado se cristaliza en el futuro. ¡Eh, los del blog de ciencias! Sigo esperando las ofertas de intercambio. Mientras en La 1 ponían una película en la que Keanu Reeves vive en un tiempo distinto que Sandra Bullock (¿y quién no?), el Follonero hablaba con Barrionuevo y Cuatro volvía a un tiempo en el que todo era más puro y sencillo: hace un año.

Tampoco dije que fuera mucho más puro y sencillo.

Viendo el estreno de Desafío en Himalaya tuve las mismas sensaciones de buen rollo que me dio el estreno de Pekín express. Con premisas que prometen mucha más dureza, han conseguido recuperar el espíritu de sorpresa, de novedad y de aventura de la primera edición, última antes de la era de Alazne. Me pregunto si ha sido casualidad o pura inteligencia maquiavélica el que el estreno tuviera tanto de un programa de Calleja como del concurso de viajes al que sustituye. Y conste que en televisión “maquiavélico” es un adjetivo sumamente positivo. No hay más que ver a… na, no me atrevo.

¡Y con concursantes que no dan (muchas) ganas de estrangular!

Además del aire puro del programa, en todos los sentidos posibles hasta que un señor se pee en la tienda de campaña, la narrativa es tremenda. Si por algo destacan los programas de Cuatro, y Desafío en Himalaya no se queda atrás, es por la selección y usos de la música; motivo por el cual no triunfó Factor X, y que cada no lo interprete como quiera.

Pero, además, la edición… ¡qué edición, amigos! Se me ponen los frames como escarpias de pensarlo. Los “flashforward” que nos muestran a los concursantes más puteados que un hobbit atravesando el Caradhras son puro Hitchcock. Apedréenme, que lo merezco, pero no pierdan de vista que lo que crean es un suspense y una narrativa épica que no consigue ni media tonelada de cebos de Salvamé.

Por último, Jesús Calleja, el Arguiñano montaraz. Genial, oigan. Miren que se me hacía un poco pesado en otros programas. En Desafío en Himalaya está muy atemperado por sus aprendices, que le restan omnipresencia. O eso, o que como ya me sé de memoria Los Simpson, me estoy arguiñizando, yo qué sé. Está simpático, informativo y poco pesado. Pobre Raquel Sánchez Silva, he llegado a pensar que prefiero a Calleja a ella.

Y si a todo esto le sumas que necesitaba una excusa para no tragarme el estreno de Sandra Daviú en Antena 3, entenderán lo que es la contraprogramación perfecta.

Salvo por un pequeño detalle: ¿hacía falta clavarnos dos capítulos seguidos en el estreno? Curioso que en el último tramo Desafío en Himalaya coincidió con El aprendiz. Calleja contra Bassat. Menudo crossover les montaba yo.