Idiotas

Estoy preocupado por La Sexta. Son una cadena pequeña y para cubrir las 24 horas de emisión tiene que recurrir a las repeticiones hasta el punto de que cuando desayuné esta mañana, enganché la redifusión de Buenafuente en el mismo punto en el que dejé el programa anoche. Esto también les da una idea de la clase de persona que soy.

Con estas limitaciones, siempre les ha venido bien comentar material de otras cadenas, que rellena y sirve de base para sus propios contenidos de comentario del panorama televisivo nacional. Pero cada vez pueden recurrir a menos televisiones, porque a la demanda/amenaza de Telecinco/Cuatro (tanto monta…), se une ahora Telemadrid, la cadena de todos los madrileños, pero de algunos más que otros.

Nuestro querido compañero en la contra de papel, Roberto Enríquez, se indigna porque es el enésimo mangoneo de Esperanza Aguirre y sus acólitos en un medio de comunicación que en lugar de representar “la suma de todos” se aferra a “la suma, de todos”. Vamos, que la cuenta la pagamos el conjunto de los espectadores y contribuyentes, pero ellos se piden café, copa, postre y vino. Al resto nos dejan mirar y gozar de su compañía.

El gesto de pataleo de Telemadrid dice Roberto que es “como si el rey prohibiera que retransmitiesen su discurso en los canales privados”. Tampoco sería tan extraño: ¿quién quiere salir en Telecinco? Y lo raro que tiene que ser salir en Cuatro a la hora de El hormiguero, oiga. Yo lo comparo con algo más grave, porque para mí es como si cualquier cineasta demandara a un periódico porque las críticas a su película son malas. Iba a poner algo de Babelia, pero no me atrevo, que llevo la cuota de Legálitas atrasada.

Ese es el punto: se creen que somos idiotas. Algún directivo de Telemadrid se ha metido un chute de platonismo adulterado y cree que vivimos en una caverna y que ellos controlan las sombras proyectadas delante de nuestras narices. Vamos, que no nos enteramos da nada si no nos lo cuentan ellos. Y piensa: “Oh, esos rojos sediciosos están señalando nuestros esquivos defectos. Habrá que urdacir algún plan de escape. ¿Qué haría la gente que más admiro en este caso?”. Y a solicitar la mordaza judicial corriendo. Es tan bonito ver que, en el fondo, los gobiernos de Madrid y Venezuela tienen tanto que les une.

Se creen que somos idiotasy que carecemos de espíritu crítico. Y lo malo es que, como mucho cada cuatro años, vamos y les damos la razón.