Los héroes de Chonilandia

Por si alguno hay que no vaya del título a los comentarios directamente para insultarme, aclaro: hola, me llamo Anómalo y vivo en Chonilandia. “Hola, Anómalo”, contestan a coro. En este barrio hay locales especializados en hacer murales sobre uñas postizas (o no), más tiendas de chinos que, probablemente, chinos y en el supermercado le piden por megafonía al señor Johnny que acuda a caja tres. Aquí vemos Aída como quien mira un documental y Gran Hermano sí es un experimento sociológico, aunque no el que pretende Meredes Milá.

En un barrio en el que para un joven es más fácil meterse en líos que cualquier otra cosa, imagínense lo que sería un grupo de chavales con superpoderes. Y si no, no lo imaginen, que ya se han encargado de pensar por nosotros los ingleses. Qué momento más bello para los nostálgicos de la era Aznar.

Esta es básicamente la historia de Misfits, una serie de seis episodios que ha podido verse estas semanas en el E4 inglés y que ya promete volver el año que viene. Una pequeña joyita que por momentos recuerda a lo mejor de la edad de bronce del cómic americano. Estoy pensando en la Patrulla-X de Chris Claremont, para los frikis del lugar. Que por eso mismo, dirán que no tengo ni idea.

Para quién las haya visto, el comentario generalizado es que se trata de una especie de cruce entre Skins y Smallville. En el fondo, los superpoderes sirven para poco más que poner en marcha las historias, pero quedan muy lejos de ser el conflicto principal de los personajes. Por eso Misfits puede ser una serie redonda y Heroes se queda por el camino. Aunque unos se gasten una millonada en efectos especiales y otros nos convenzan de que un personaje es invisible porque se pone delante de otro y éste hace como que no lo ve. Superpoderes de barrio, oiga.

En la serie inglesa, nos pasamos el primer capítulo esperando que hagan saltar rayos o que levanten coches con el pulgar. Pero a medida que avanza la serie, nos va a interesar más por qué los protagonistas tienen una condena de trabajos comunitarios. Preferimos ver cómo se enfrentan a las drogas, el sexo o la soledad antes que una ensalada de mamporros o biorrayos lanzados contra un villano que no se ha enterado de que el mundo ya lo conquistó Google.

El drama de estos chavales tan descolocados y enfrentados a enemigos tan terribles como una especie de trasunto de HazteOir (y esta frase es exclusivamente para hincharme a visitas y comentarios bien razonados) está muy bien matizado por un sentido del humor ácido como Sacha Baron Cohen chupando un cesto de limones. Haciendo equilibrios entre estos dos aspectos, los guionistas encajan pequeñas tramas de misterio que enganchan mejor que cualquier giro sorprendente de último segundo. Y eso que menudo cliffhanger dejan al final de la temporada.

De todos los capítulos, presten especial atención a los pares. El segundo tiene momentos desternillantes para explicar un trasfondo bastante más serio. El cuarto recuerda por momentos a lo mejor de Corre, Lola, corre y el sexto hace auténticos malabares con todos los elementos que tienen los guionistas a su disposición.

Mientras alguien se decide a emitir aquí esta pequeña gran serie, les recuerdo que lo más parecido que tenemos nosotros a los adolescentes con poderes de Misfits es a Blanca Romero “volando” al final de Física o química. Las comparaciones se las dejo a ustedes.