Demasiado pronto para opinar

Llevamos menos de cuatro jornadas con una televisión pública sin publicidad. Son días en los que el escaso criterio intelectual que tenemos los que vemos la tele se nos va en la irrigación sanguínea de partes del cuerpo más importantes que el cerebro. No sé qué pensarán ustedes de mí, pero me refería, obviamente, al estómago.

Los niños están en casa estos días, desplazando el equilibrio de las cuotas de pantalla hacia productos inexistentes como la programación infantil. Los chavales y yo sabemos que existen Clan TV y Canal Disney, pero mantenemos el secreto para no hundirle el argumento a los adultos que se quejan de que no ven la televisión porque no hay programas para niños.

Por todo esto, deberíamos ser prudentes y esperar un poco para pronunciarnos sobre lo que supone la ausencia de anuncios en TVE. En todo caso, no deberíamos lanzarnos a decirles a las televisiones comerciales que les acaban de colar un:

Con todas las distorsiones que quieran aducir en el sistema de medida de audiencias, lo cierto es que, pasado un 10% del mes, TVE acapara un 20,3% de la cuota de pantalla. Mientras Telecinco y Antena 3 se miran la una a la otra con cierta incredulidad desde su 12,1 y su 12% respectivos. ¡Hasta La 2 ha subido! Y eso que estos días no ha habido Saber y ganar. Esperen al retorno del Jordi.

Películas por encima del 30%, informativos casi superando la oferta combinada de sus dos competidores… una locura impensable hace unas semanas, vaya. La televisiones comerciales querían sacar del mercado a un elemento distorsionador como era una empresa con financiación mixta de publicidad y contrato programa y se encuentran con algo, en mi modesta opinión, mucho peor. Cuando los blogueros decimos “en mi modesta opinión” es cuando más asco damos, ¿verdad?

Síganme en la metáfora de complicados equilibrios para no caer en el sexismo (que luego me crujen): hasta ahora teníamos un número determinado de seres humanos de un sexo determinado sacándole copas a la persona encargada de la barra. Quién más quien menos, tenía su lingotazo, bien fuera en vaso “de sidra”, de tubo o chupito.

Un buen día, o su equivalente, una mala noche, parte del grupo se da cuenta de que alguien siempre recibe un cachi (o mini o litro) y deciden que es mejor no salir más con esa persona, para poder beberse su parte. Lo hacen sin darse cuenta de que acaso fuera la persona más atractiva de su troupe y por ello su principal polo magnético, lo que motiva que cuando van a su sesión de gorroneo habitual, el representante del gremio de servidores de alcohol les ignora o, en todo caso, les presta menos atención de la habitual.

Eventualmente intentarán entablar conversación (medida desesperada para conseguir bebida gratis) y recibirán la explicación de que sin la persona expulsada del grupo, también hay menos movimiento en el local y no resulta tan interesante “sobornarles”. Espero que esto les haya servido para hacerse una idea de mi Nochevieja, porque para explicar el mercado de la publicidad en televisión es más farragoso que Sánchez Dragó escribiendo las instrucciones de un DVD.

En resumen, menos gente para cortar la tarta, pero también un pastel más pequeño para repartir. ¿Interesará a los anunciantes aparecer en una televisión, por más que sea la comercial más vista, si la mayor parte de la gente está mirando otra?

La esperanza está en que TVE se quede rápido sin pasta, en detrimento de la oferta de su parrilla. El interés radica en ver si esto ocurrirá antes o después de que las cadenas comerciales también se vean afectadas por unos decrecientes ingresos publicitarios.