En Cuatro tiran el dinero

Hola, amigos, y bienvenidos todos los jefes que habéis decidido pasaros por esta humilde bitácora a raíz del osado titular. Les invito a darse un garbeo por el blog y reconsiderar lo beneficioso que sería para la edición de papel un tipo como yo. Escribo en casa, desnudo o con ropa, precio a convenir.

La cadena de… alguien, porque con esto de la fusión con Telecinco no me aclaro, ha decidido hacerse a sí misma una reforma sorpresa. A los brutales cambios de la franja de tarde, se ha adelantado el nuevo informativo matinal presentado por Ana García Siñeriz. Un derroche. No es que tenga más medios que nadie, que para eso los informativos de TVE han estado pagados entre todos tanto tiempo. La cuestión es que se han dejado unos cuartos en decorados, iluminación y peluquería de la Siñeriz ¡para hacer en tele el primer tramo del Hoy por hoy! ¿Tan feo es Francino?

A raíz de la polémica del vídeo que se le coló a TVE, comenta Roberto Enríquez en la contraportada de Público: “En SLQH […] demuestran -sobre todo- cómo en la muchos de los casos las imágenes que acompañan las noticias televisivas no aportan información, solo adornan”. En muchos no, en la mayoría. Sobre todo desde que muchos de los redactores editan sus propios vídeos y con gran criterio narrativo describen con palabras exactamente lo mismo que vemos en la pantalla. Lo que podríamos llamar el efecto Pocoyó.

Lo comentamos en su día con La mañana de TVE y vuelve a ocurrir. Con todas las décadas de recorrido que lleva a sus espaldas, la tele sigue siendo la hermana pequeña y luminiscente de la radio y aún es incapaz de hablar con lenguaje propio y copia descaradamente el de su pariente mayor. Lo que podríamos llamar el efecto Baldwin.

Todo es radiofónico menos el señor que hay a la derecha de Siñeriz. Porque en radio es raro un señor que no habla

Los reportajes tienen soporte de vídeo y los periodistas e invitados tienen que pasar por maquillaje, pero por lo demás, Matinal Cuatro es un programa de radio. No uno especialmente brillante, pero se sobrelleva con facilidad. El diálogo con el que se contstruye la información, tan emparentado con el tono del Hoy por hoy de la SER, permite una digestión más ligera que el hierático Telediario de La 1. Otra cosa es la credibilidad que tengan sus respectivas presentadoras.

Lo que podríamos llamar el efecto Ana Rosa.