¿Y la Iglesia no dice nada de Generación Ni-ni?

Me parece increíble que tengan todo el día el preservativo en la boca (con perdón) y los prebostes clericales no digan ni mu sobre lo último en propaganda anticonceptiva. Se conoce que hubo madres que vieron el estreno de Generación Ni-ni y acabaron siendo vistas por las calles al grito de “¡sácamelo, sácamelo!”. Aunque es posible que esto último sea una burda exageración.

El miércoles, La Sexta estrenó su segunda gran apuesta de la temporada 2009-2010: Generación Ni-ni. Un reality-coaching. Teniendo en cuenta que la primera había sido El aprendiz, una especie de coaching poco reality, nos hacemos a la idea de que sí, la crisis nos afecta a todos.

Permítanme que no hable de esos pequeños aspirantes a delincuentes que la productora (Bainet, ¡la de Arguiñano!) ha introducido en esa zona de sombra que es el concepto de generación ni-ni. De igual manera, obviaré a esos padres que creen que castigándose a sí mismos imponen disciplina a los niños. Estos matices los dejo para el apasionante blog de sociología que algún día abriré. Sé que todos ustedes lo están esperando.

Por un momento pensé que los chavales ya venían pixelados de casa, pero no: en el programa se les ve normal

Centrados en la cosa televisiva, nos queda claro que el señor Roberto Ontiveros no ha perdido ni un poquito de mano con los realities. Este hombre, una de las maquiavélicas mentes maestras detrás del Gran Hermano español, logró repetir formato sin parecer redundante en el estreno de su nueva criatura. Una sensación muy parecida a la que produce la alternancia política.

Se supone que los chavales que protagonizan este nuevo experimento sociológico tienen que salir a trabajar, lo que rompe la dinámica de reality al uso. Como el primer día pasan más del despertador que de un coloquio sobre el Ulises de Joyce (no saben vivir la vida loca), tenemos unas primeras 24 horas totalmente granhermanísticas. Por sus protagonistas, por la realización, por la edición… Salvo por un detalle: unos pequeños chyron (los cartelitos) que le dan la vuelta a todo y convierten las imágenes en una poco velada crítica, en lugar de la mirada cómplice que el Gran Hermano dedica a los habitantes de la casa de Guadalix.

La temática nos puede interesar más o menos y los realities nos pueden parecer más o menos deleznables, pero tenemos que admitir que Generación Ni-ni es un programa impecable. Al contrario de lo que me pasa en las galas en directo con las que Mercedes Mila nos presenta a sus nuevos acólitos, gracias a la grabación previa acabé el capitulo sabiendo quién era quién entre los participantes. Los personajes empezaron a construirse bien, el relato se puso en marcha con coherencia y acabaron con un giro argumental que dice a gritos: “¡hasta aquí el primer acto! ¡Comeros esa, guionistas de ficción! ¡Y sí: esa última frase la podéis interpretar de modo obsceno!”. Así de expresivo, oigan.

Resumen para los que sólo leen el título y el último párrafo antes de ir a comentar: un programa irreprochable en lo formal, bordadín, planchadín, con su camisita y con su canesú. Ahora, no esperen encontrarme viéndolo más veces.