Todo es posible

Causas perdidas

El abogado de Sakineh Mohammadi, la mujer iraní cuya lapidación ha sido suspendida provisionalmente, teme que en cualquier momento le apliquen la pena alternativa, es decir, la horca. Podemos evitarlo si continúa la campaña internacional que ha detenido el brazo ejecutor de las autoridades de la República Islámica de Irán. Conviene seguir haciendo ruido para que su caso no se olvide. Amnistía Internacional lo hace sistemáticamente, no sólo en defensa de esta pobre mujer, sino del resto de las víctimas cuyos derechos son violados.
En Irán fueron ejecutadas 338 personas el pasado año y en este ya llevan 126. Mientras escribo estas líneas, es posible que haya aumentado la macabra estadística, porque el pasado miércoles, según la citada ONG, las autoridades iraníes habían anunciado el ahorcamiento de Mohammad Reza Haddadi, un preso condenado a muerte a los 15 años, después de un dudoso proceso judicial. Dudoso, señalan, porque era menor de edad (ya no lo es y por eso lo van a ejecutar) y porque se desdijo de su confesión inicial y fue exonerado por los otros implicados en el mismo delito. Otra sentencia inminente es la de Ebrahim Hamidi, condenado por presunta sodomía. En Irán se persigue a quienes practican la homosexualidad, aunque en teoría no sea delito, y se los acusa de cualquier otro (adulterio, violación o tráfico de drogas) que esté penado con la muerte.
Tenemos casos más apremiantes y violaciones de derechos humanos a la vuelta de la esquina, pero su denuncia no debe impedirnos echar una mirada, una firma, en definitiva, un cable, a otros lejanos y distantes. Cada víctima pide que no demos su causa por perdida.