Opinion · Tomar partido

Un año de Podemos

Hace ahora un año el Teatro del Barrio se llenó de gente digna y valiente. Era entonces apenas un grito que se abría paso en la era de la austeridad. Un grito de rebeldía que proponía abrir un método participativo y expansivo para asaltar las instituciones. Un proyecto ambicioso desde sus inicios que quería conjugar la experiencia de las plazas y las movilizaciones con las oportunidades que abría el descrédito de los partidos tradicionales. Queríamos abrir un boquete en el dique de contención que las instituciones actuales representan ante las demandas ciudadanas y de los movimientos sociales. Queríamos también abrir un espacio de empoderamiento popular que rompiese las lógicas de la resignación y el miedo. No había fórmulas mágicas para emprender el camino. Pero sí muchas pistas, hipótesis y experiencias acumuladas que entendíamos oportuno transitar. Pero ni en nuestros mejores sueños llegamos a pensar el terremoto que se avecinaba con ese movimiento. Ni en las peores pesadillas de las élites podían imaginar que allí estaba naciendo un instrumento capaz de romper el cercado escenario político. Eso nos ha demostrado la imprevisibilidad de la política y de la necesidad de la audacia y el saber intervenir en los momentos decisivos.
Podemos fue planteado, desde el principio, como un intento por detener la sangría de derechos que veníamos padeciendo. Tras años de austericidio, de recortes y saqueo era el momento de “mover ficha”. Habíamos llenado plazas, calles, levantado infinidad de espacio de auto-organización, construido huelgas y resistencias a todas las medidas de unos gobiernos que no representan nuestros intereses. Era el momento de decir “basta”. De abrir un tiempo nuevo para la política, de construir una herramienta de protagonismo popular para convertir a una mayoría social en mayoría política. Y, visto lo visto, no nos equivocamos. Ni en una apuesta política que entonces parecía arriesgada (y que mucha gente no entendió en un primer momento) ni en la idea de atrevernos a intentar nuevas formas hacer política. Mucho menos en la idea de que nuestra iniciativa debía ser desbordada por abajo y que mucha gente debía hacerla propia. Sin cumplir esa premisa no había proyecto viable.
Pero el camino hasta aquí no ha sido fácil. El año de vida de Podemos no ha estado exento de dificultades, contradicciones y riesgos. Pero cómo no encontrarlos cuando estamos asumiendo desafíos tan gigantes como necesarios. Podemos ha sido un torbellino a todos los niveles. Un torbellino que ha cambiado nuestras vidas y que ha puesto patas arriba la política y, sobre todo, las ilusiones de unos (y los miedos de otros). En estos doce meses, Podemos se ha ido configurando como un instrumento difícil de definir, de encasillar. Como un dispositivo capaz de ir ensanchando los límites de las posibilidades de cambio y de agregación popular. De ahí la incapacidad del Régimen para entenderlo y subsumirlo, precisamente, bajo los estrechos límites de lo político sobre los que se ha cimentado durante las últimas décadas.
Tenemos en el futuro inmediato desafíos tremendos. Desafíos inexplorados hasta ahora que nos obligan a hacernos preguntas pero, también, a responderlas. Sin escapismos ni simplismos. Es, por tanto, el tiempo de la política. De una política para la emancipación. De una política del conflicto entre intereses antagónicos e irreconciliables entre los poseedores y los desposeídos. De una política que se afirma en la democracia y en los derechos.
Un año después, podemos decir que ha merecido la pena arriesgar y atreverse. Ahora, toca atreverse a ganar y recuperar la democracia de quienes la tienen secuestrada.

PD: Os dejo el vídeo de mi intervención en la presentación de Podemos en el Teatro del Barrio. Cuánto hemos cambiado en un solo año y cuántas emociones nos quedan por vivir.
https://www.youtube.com/watch?v=Pd2ggM3S3PA