Opinion · Tomar partido

Grecia: una sonrisa recorre Europa

Durante toda la campaña electoral en Grecia, los portavoces de la clase dominante repitieron una y otra vez que SYRIZA prometía cosas a los griegos que luego no serían capaces de cumplir. Fue bastante curioso ver a Mariano Rajoy viajar a Atenas a reunirse con Samaras, el derrotado ex-primer ministro de los recortes y la troika, para advertir a la ciudadanía griega sobre la irresponsabilidad de las promesas de Tsipras. El mismo presidente que no ha cumplido su programa electoral en el Estado Español se dedicaba a advertir al pueblo griego de que SYRIZA no cumpliría el suyo.

Lo que hemos visto después es una lección esencial de la política: que lo que se puede y lo que no está limitado por la voluntad de gobernar para una clase o para otra. La política es siempre decidir si eres leal a los de abajo o leal a los de arriba. El cumplir o no una promesa depende de una verdad tan elemental como esta, muchas veces enterrada detrás de expresiones como “mercados financieros” o “instituciones europeas”.

El gobierno encabezado por Alexis Tspiras ha tomado decisiones rápidas para mejorar la vida de la ciudadanía: garantizar luz y alimentos a más de 300.000 hogares, paralizar los desahucios, aumento del salario mínimo y de las pensiones, paralización de las privatizaciones en curso, garantizar la sanidad universal, readmisión de los despedidos inconstitucionalmente por el Estado, derogación de las últimas reformas laborales… En el plano de los derechos democráticos, hay que destacar la concesión de la nacionalidad griega a los hijos de los inmigrantes y la apertura de un proceso, todavía insuficiente, de ampliación de los derechos civiles de las parejas LGTBI. No cabe duda de que el gobierno de Tsipras también tiene sus déficits. Enumeraremos dos: la falta de ministras o el pacto con el partido de derecha nacionalista “Griegos Independientes” (que tendrá el control sobre el ejército), que puede ralentizar y dificultar en un momento dado la aplicación o profundización de las reformas que el ejecutivo ha planteado.

Para llevar a cabo estas medidas básicas, ha puesto en marcha un plan contra el fraude fiscal y ha tratado de iniciar un diálogo sobre la cuestión de la deuda externa y el crédito internacional con los diferentes gobiernos e instituciones de la Unión Europea. La respuesta ha sido una reacción fuertemente defensiva por parte de las élites europeas. No nos debería extrañar esta reacción por varias razones. En primer lugar, una de las principales contradicciones con la que nos encontramos es que si bien el marco europeo es un marco integrado, existen países hegemónicos y países periféricos. Las políticas propuestas por SYRIZA rompen esa lógica al anteponer la soberanía popular a los equilibrios entre las clases dominantes europeas. En segundo lugar, porque el ejemplo griego puede ser el articulador de una alternativa a nivel europeo: ¡Un fantasma recorre Europa! Nuevas solidaridades podrían aparecer en el horizonte: ya no sólo entre empresarios y políticos, sino entre trabajadores y movimientos populares.

Pero también hay otra razón: el neoliberalismo, ese modelo de gobernanza del capitalismo posmoderno, presuntamente inexpugnable, es en realidad un tigre de papel. Su fortaleza es sólo apariencia. Un sistema fuerte, sano, vivo, posee capacidad de integrar demandas populares, de lograr respuestas a los problemas que la sociedad le plantea, no para resolverlos del todo, pero sí para buscar equilibrios que le permitan amortiguar los conflictos consustanciales a toda sociedad dividida en clases. Lo que está demostrando el neoliberalismo europeo es que es un sistema sólo para las élites, enfrentado irreconciliablemente al bienestar de la mayoría de la población. Un sistema que va contra la gente, que se convierte en impermeable a sus reivindicaciones, convirtiendose en un antisistema y en el factor más importante de su propio final.

La respuesta del Banco Central Europeo y de Angela Merkel, así como la sordera de los gobiernos de “izquierda” o derecha llevan a lo que el militante de SYRIZA Stathis Kouvelakis llamaba en un artículo, recientemente publicado en Viento Sur, “choque frontal”. El gobierno de Tspiras ha emprendido una senda que rompe con la lógica de expropiación neoliberal. Para conseguir alcanzar otra lógica, que ponga a las personas por encima de los beneficios de una minoría, va a necesitar de muchos factores y muchas fuerzas empujando en la misma dirección. La determinación del gobierno griego será muy importante para resistir a todas las presiones a las que será sometido. La autoorganización y movilización de las clases populares también serán imprescindibles, así como una profunda democratización de toda la vida social que permita ejercer el poder a la ciudadanía en todos los ámbitos, no sólo votando de vez en cuando, si no también en los barrios y centros de trabajo. Pero hay otro factor que me gustaría destacar y que creo que nos toca de cerca: la solidaridad internacionalista. El pueblo griego nos necesita, pero nosotros necesitamos también que ganen.

Por algo había que empezar: este jueves 12 en Madrid a las 19.00h., en la Escuela de Relaciones Laborales, celebramos un acto junto con Katerina Serguidou, dirigente de SYRIZA,  Jaime Pastor y Yayo Herrero, dos de los firmantes del manifiesto “Por el cambio en Grecia”, para entender lo que está pasando en el país heleno y comenzar a articular solidaridades. También está previsto sumarse desde esta iniciativa a las concentraciones de solidaridad que se celebrarán el domingo 15 en varias ciudades de Europa.

Alexis de Tocqueville contaba que en 1848, cuando estalló la revolución en muchos puntos de Europa, las empleadas domésticas que escuchaban de lejos los disparos de los insurrectos, sonreían en sus puestos de trabajo. No había nada que aterrara más a los burgueses que esa sonrisa, que representaba tanto las ansias de justicia como la solidaridad y la esperanza de todos los oprimidos del mundo. El pueblo griego nos ha sacado una sonrisa a todos los que estamos hartos de la corrupción y el empobrecimiento: que en Grecia se imponga la democracia por encima de los mercados es imprescindible para que todos los pueblos y trabajadores de Europa sonrían en común.