Tomar partido

Cuando Le Pen marca la agenda

Este domingo pasado se realizó en Francia la primera vuelta de las elecciones regionales donde la gran ganadora ha sido la extrema derecha del Frente Nacional (FN) con el 28,69% de los votos, seguida por el agrupamiento de la derecha radical liderada por Sarkozy con un 26,89%. Mientras, el Partido Socialista Francés (PSF) ha sido relegado a un tercer puesto. Estas elecciones no solo llaman la atención por la victoria del FN, una situación que ya se preveía desde que en las departamentales de marzo y en las europeas de mayo del 2014 fueron primera fuerza; sino por la abultada derrota electoral del PSF, que en las pasadas departamentales del 2011 ganó veintiún regiones sobre veintidós con el 50,2% de los votos totales. La segunda vuelta será este próximo domingo y es necesario tener el conjunto del cuadro para poder analizar y ver si al final FN consigue la mayoría en algún departamento, pero aquí unas conclusiones preliminares a la espera de ello.

Muchos analistas esgrimen que en estas elecciones se suele castigar al partido en el gobierno, pero realmente lo que se ha castigando ha sido el programa del PSF durante estos años, marcada en primer lugar por la inexistencia de políticas sociales y la adaptación a la lógica económica austericida. Además de la deriva hacia el populismo punitivo, siguiendo la senda de Sarkozy y encarnada, en primer lugar, por Manuel Valls ante las expulsiones de roms (unos 5.000 según sus propios datos) y la mano dura ante la migración reflejada este verano en los saltos al túnel de Eurostart en Calais. Y en segundo lugar, por el propio presidente François Hollande, que ante los brutales atentados de Paris ha reaccionado con un discurso belicista y de recorte de derechos y libertades, que a la postre solo ha servido para escorar aún más el arco político hacia la agenda de la extrema derecha.

Estas elecciones confirman una peligrosa tendencia en la política francesa, la paulatina "lepenización de los espíritus". Los partidos del régimen de la V República francesa en lugar de plantear propuestas, medidas o políticas para combatir el discurso xenófobo del FN, están aceptando el terreno de confrontación que propone la extrema derecha, asumiendo buena parte de las temáticas lepenistas y, en última instancia, legitimando este espacio político. Así pues, la verdadera victoria de la extrema derecha del FN  ha sido la normalización de su discurso y la introducción de sus principales contenidos tanto en el debate general como en las políticas públicas oficiales. La propia Marine Le Pen se presentaba la misma noche electoral como la única candidata capaz de poder defender una nación y soberanía "asediada" por el enemigo exterior, ya fuera la migración o el terrorismo: "El FN es el único frente republicano porque es el único que defiende la nación y su soberanía. Es el único que podrá recuperar los territorios perdidos por la Republica, de Calais – donde sacamos el 50% de los votos – o de nuestras banlieues".

Los cadáveres de los náufragos de las pateras, los muertos en los desiertos y/o las vallas fronterizas son la expresión de otra forma de racismo. Son las víctimas de la xenofobia institucional; un racismo de guante blanco, anónimo, legal poco visible pero constante, que sitúa una frontera entre los que deben ser protegidos y los que pueden o efectivamente resultan excluidos de cualquier protección. Una degradación de la seguridad jurídica y policial, organizada con el objetivo de expulsar al emigrante, lo que lleva también, como resultado, a producir una mano de obra fácilmente explotable, pues el Estado la convierte en vulnerable. De esta forma se propicia un caldo de cultivo para la xenofobia política definida mediante esta operación de exclusión, cuya matriz es económica y que favorece una competencia entre autóctonos y foráneos en el esfuerzo por conseguir un recurso escaso, el trabajo. Así mismo se estigmatiza a la población migrante presentándola socialmente e institucionalmente como un problema de orden público favoreciendo no sólo la xenofobia institucional sino también la retórica del populismo punitivo, como hemos podido comprobar en la expulsión de roms o en la gestión de los refugiados y migrantes en el campamento de Calais. Una situación que propicia que la audiencia de la extrema derecha crezca significativamente entre sectores de la clase obrera y clases medias duramente golpeadas durante estos años de crisis económica.

Mientras en Francia el PSF cavaba su tumba para las elecciones departamentales, en Inglaterra, en la circunscripción de Oldham West y Royton, el partido laborista alcanzaba la victoria consiguiendo el escaño para Jim McMahon. Una victoria que no hubiera sido noticia sino fuera porque las encuestas daban como favorito al candidato del partido de derecha radical antinmigración UKIP que, como el FN, fue primera fuerza en las pasadas elecciones europeas. Esta pequeña victoria del laborismo británico se ha convertido en un símbolo del cambio del partido, titulado en los medios como el "efecto Corbyn".

Corbyn ha conseguido ganar las primarias del Partido Laborista, desterrando de la dirección del partido a los social-liberales del "nuevo laborismo" que fundó Blair y poniendo en práctica un discurso claro contra las políticas de austeridad y de recorte de libertades. Un acercamiento al laborismo más social que reilusiona a una parte fundamental de las bases del partido y demuestra que no hay mejor antídoto contra la extrema derecha que anteponer propuestas concretas a favor de las clases populares, disputando un espacio en una sociedad cada vez más polarizada. Por el contrario, el socialismo francés sigue jugando a "aprendiz de brujo", adaptando su discurso y sus prácticas políticas a una agenda marcada por la extrema derecha y demostrando que por esa senda no sólo se camina hacia la derrota electoral sino -peor aún- por ese camino abona el terreno para que en estos momentos de cambio en lo que "lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer" como decía Antonio Gramsci, "en sus claro oscuros nazcan los monstruos". Unos monstruos que nos recuerdan demasiado a los pasajes mas funestos de la historia reciente europea.