Opinion · Tomar partido

Gobierno Sánchez: ¿excepción o norma en la deriva migratoria europea?

Hoy es el día mundial de las personas refugiadas y el gobierno del PSOE de Pedro Sánchez lo celebra permitiendo la deportación de los jóvenes rifeños en huelga de hambre del CIE de Aluche tras haber denegado su solicitud de asilo. Otro año más, una jornada sin nada que celebrar y mucho por lo que dolerse, gritar y buscar soluciones. Un día que cobra especial relevancia en un momento político en el que las instituciones y gobiernos europeos están respondiendo a uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado la UE en los últimos tiempos con una combinación inédita de neoliberalismo y xenofobia. Tres años después del inicio y punto álgido de la entonces mal llamada “crisis de los refugiados”, Europa sigue sin dar una respuesta a escala europea, ni mucho menos basada en un enfoque de derechos, a una crisis que es de fronteras y de movilidad humana, y que tiene en Europa solo un foco más de su carácter global.

El número de las personas forzosamente desplazadas en todo el mundo supera los 60 millones. La pobreza, la escasez de recursos, el cambio climático, las guerras o las persecuciones por distintas razones están detrás de los motivos para huir y buscar una vida mejor o, al menos, una vida alejada de la muerte segura. Porque, ¿quién salta al mar en una balsa neumática con su descendencia en brazos con alto riesgo de no ver nunca la costa si no es porque aquello de lo que huye es aún más mortífero? Europa se ha convertido estos últimos años en uno de los principales destinos y el Mediterráneo en una de las principales rutas. También en la más mortífera: desde 2014, más de 10.000 personas se han dejado la vida intentando cruzar ese mar para llegar a las costas europeas.

Pero no es el único punto caliente de las migraciones globales. La frontera entre EE UU y México ha vuelto a colarse en la portada de la agenda pública tras la aplicación de las inhumanas políticas de separación de familias migrantes y encarcelamiento de menores, como si de animales salvajes se tratasen, aplicado por la Administración Trump. Por cierto, ayer Felipe VI, Letizia y el nuevo ministro de Exteriores Josep Borrell estuvieron en la Casa Blanca. Que sepamos, solo le trasladaron su preocupación por los recientes anuncios sobre la política comercial estadounidense. Ni una palabra sobre las violaciones de los Derechos Humanos a personas migrantes en Texas y otros Estados fronterizos. Nada sobre aquel muro que Trump anunció y de los que la UE ya tiene varias decenas. El enésimo recordatorio de dónde quedan los intereses reales y la agenda de la real politik cuando desaparecen las cámaras y el viento se lleva las bonitas palabras solidarias.

Protesta frente al CIE de Aluche (Madrid) para pedir su cierre. E.P.

Lo mismo que le ha ocurrido a la UE en estos tres años: grandes discursos de acogida y mejores promesas, pero hace meses se agotó el plazo para cumplir aquellas cuotas de reubicación de solicitantes de asilo con porcentajes de cumplimiento tan raquíticos como bochornosos. Y aquí seguimos. Hoy, el anunciado nuevo sistema de asilo europeo ya ni siquiera es un anuncio, pues la política europea del control de fronteras y de los flujos migratorios sigue su imparable proceso de externalización. Los documentos filtrados del próximo Consejo Europeo del 28 y 29 de este mes incluyen la propuesta de establecer “plataformas de desembarco” fuera de la UE donde llevar y retener a quienes sean interceptados en el mar intentando llegar a Europa. El famoso modelo australiano de las migraciones con el que tantos líderes europeos llevan años soñando y que, de instaurarse, permitiría consolidar una práctica que ya existe: que muchos de los CIEs (Centros de Internamiento para Extranjeros) se instalen directamente en países de tránsito como Libia, Estado fallido con el que Italia lleva tiempo practicando esta externalización y donde numerosos informes han constatado continuas violaciones de los Derechos Humanos e inclusos prácticas de neo-esclavismo.

¿Qué dirá España al respecto en esa reunión del Consejo ahora que el tema ya sí nos toca como europeos y nadie puede escudarse en lo lejos que está Texas? Y no solo sobre esa externalización, porque la agenda migratoria de esa cumbre llega bien cargada. Salvini anunció ayer un censo de gitanos en Italia con vistas a expulsar a los no nacionales, despertando un poco más a todos aquellos monstruos del pasado que cada día recorren con más fuerza Europa en forma de fantasmas muy reales. Por otro lado, ya hay un eje Roma-Viena-Berlín que pide hacer del fortalecimiento de todas las políticas securitarias y de externalización de fronteras uno de los pilares del nuevo ciclo político en Europa. Y, en fin, para que de verdad no nos queden excusas para mirar hacia otro lado: ¿qué dirá el nuevo Gobierno español de nuestra Frontera Sur?

Hoy están llegando tantos migrantes por mar a las fronteras españolas como a Italia o Grecia a través de las rutas del Mediterráneo central y oriental. La mayoría son repelidos en las vallas llenas de concertinas de Ceuta y Melilla, con el apoyo de la gendarmería marroquí erigida en subcontratado guardián de fronteras. Quienes aún así consiguen pasar, son retenidos en CIEs donde los derechos más básicos directamente no existen o hacinados en polideportivos improvisados donde las condiciones de subsistencia ni están ni se les espera, como en Tarifa. Y al cabo de un tiempo, con sus derechos y vitalidad quebrados, son deportados a los países de los que huían y donde sus vidas correrán de nuevo serio peligro, como ha ocurrido esta misma mañana con los dos activistas rifeños expulsados a Marruecos desde el CIE de Aluche.

La rápida y bienvenida reacción ante el desamparo del Aquarius arroja señales positivas en materia migratoria por parte del nuevo gobierno de Sánchez y potenciales sinergias con otras instituciones municipales y autonómicas. Pero las promesas y los gestos no salvan vidas y solo construyen la piel más superficial de la política. El derecho internacional y europeo de refugio y de migrar, o la propia política migratoria española y europea, no pueden depender de buenos gestos. Solo desde un enfoque liberal puede entenderse la solidaridad como suma de gestos voluntarios sin contrato social mediante ni derechos y obligaciones vinculantes. Es necesario un cambio integral de las políticas migratorias, un giro de 180 en la política exterior española y europea, y un nuevo paradigma centrado en el enfoque de derechos. Un nuevo marco que se traduzca en el cierre de los CIEs, la eliminación de las concertinas de Ceuta y Melilla, el fin de las devoluciones en caliente o la urgente modificación integral de la Ley de Extranjería. Medidas concretas que ya están sobre la mesa.

En el Consejo Europeo de la próxima semana veremos si el gobierno de Sánchez está dispuesto a abanderar el cambio también en ese campo o si, por acción o silencio cómplice, dejará que la política migratoria europea siga diseñándose desde los despachos del Grupo de Visegrado o del ministro ultra Salvini. Una lepenización de los espíritus que contribuye a la normalización de los discursos y propuestas xenófobas, o a titulares falaces y abiertamente racistas como los que hemos visto estos días en buena parte de la prensa española, agitando el fantasma de la invasión migrante y alimentando el mito del efecto llamada para, de nuevo, no hablar de los efectos expulsión que hoy, Día Mundial de las Personas Refugiadas, y el resto de días del año, están detrás de esas millones de huidas y búsquedas de un futuro mejor, de las que solo una parte llegan a las fronteras europeas a pesar de que Europa y la UE tengan mucho que ver en sus causas. En unos días veremos cuánto había de indicio premonitorio y cuánto de excepción a la regla continuista en los buenos gestos que hemos presenciado estas primeras semanas.