Tomar partido

'Iberdrolona', Vox y la campaña de Andalucía

La candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía, Macarena Olona, en un acto de campaña para los comicios autonómicos del próximo día 19 a 14 de junio 2020 en El Ejido (Andalucía, Almería) Fecha: 14/06/2022.

Desde la emergencia de Vox en las pasadas elecciones autonómicas andaluzas a finales del 2018, la extrema derecha no solo ha conseguido mantener una línea electoral ascendente, sino sobre todo ha tenido la capacidad de condicionar gran parte del debate público. Y es que la obsesión de la extrema derecha ha sido marcar la agenda política a través de sus particulares guerras culturales contra la memoria democrática, el feminismo y las mujeres, los migrantes, los menores no acompañados, la educación y/o su neurosis identitaria.

La campaña del 2018 fue la de la "Reconquista" de España desde Andalucía, dando la sorpresa e iniciando un ciclo electoral que les convirtió en menos de un año en la tercera fuerza política en el congreso de los Diputados e implantándose prácticamente en el conjunto del Estado Español. Casi cuatro años después, una vez más, Andalucía es ese "torneo de pretemporada" que inicia el ciclo electoral para los grandes partidos estatales y que concluirá en las elecciones generales del próximo año. Pero Vox ya no es un debutante dispuesto a dar la sorpresa, sino que, por el contrario, el partido ultraderechista busca, ante la debacle de Ciudadanos, ocupar su espacio y quedarse cerca del empate con el Partido Popular, reeditando el gobierno de derechas en Andalucía pero con Macarena Olona ocupando el puesto de Marín.

Las elecciones andaluzas del 2018 también inauguraron la llamada "alerta antifascista" de Pablo Iglesias, que, ante la emergencia de Vox, llamó a la movilización contra los "posfranquistas" y que, en el caso de la Comunidad de Madrid, llegó a capitalizar la estrategia electoral de Unidas Podemos con Iglesias a la cabeza. La alerta antifascista favoreció una imagen distorsionada de Vox alimentando sentimientos encontrados entre el electorado, desde el miedo hasta la indiferencia, incluso aportando una cierta áurea de anti-establishment a Vox que tan bien le ha venido para captar una parte del voto protesta. Una lógica de todos contra mí, que le ha permitido explotar un victimismo y una radicalidad vacua para mostrarse como un partido diferente a los demás que capitaliza el hartazgo ciudadano contra los políticos y la misma política.  La estrategia de "que viene el fascismo" no solo no ha servido para movilizar al electorado hacia la izquierda, sino que además se ha mostrado fallida a la hora de frenar la ascensión electoral de la ultraderecha. Mientras que, en cambio, ha propiciado que el "voto útil" se dirija hacia el PSOE en las elecciones generales del 2019 como opción para frenar a las derechas.

La "alerta antifascista" se ha combinado en algunos casos con la estrategia de obviar la presencia de Vox en los debates o en las campañas electorales, con resultados tampoco muy esperanzadores. Porque cuando la extrema derecha no existe electoralmente nombrarlos, como hizo Susana Diaz en las elecciones andaluzas de hace cuatro años, los sobredimensiona y esto se convierte en la ventana de oportunidad para su existencia. Pero, cuando la extrema derecha sí existe, obviarla no hace que desaparezca. Así, refutar y enfrentar sus argumentos es la única forma de combatirlos.

En esta campaña de las andaluzas que acaba de terminar, creo que el papel que ha jugado Adelante Andalucía, y especialmente Teresa Rodríguez, es un buen ejemplo de cómo combatir la capacidad de la extrema derecha para marcar el debate público en unas elecciones. Seguramente Vox mejorará los resultados de las elecciones del 2018, pero también es muy probable que se quede lejos de igualar el de las elecciones generales del 10N, y por primera vez quede por debajo de lo que proyectan las propias encuestas. Aunque, sobre todo, quizás lo más importante es que Vox ha pasado de hegemonizar la precampaña a desfigurarse en la campaña, mostrándose incapaz de marcar la agenda y los temas del debate por primera vez en mucho tiempo. Mas allá del resultado final, la extrema derecha ha salido derrotada políticamente de estas elecciones que  no han sido el paseo triunfal que pronosticaban desde Vox meses antes cuando decidieron presentar a Macarena Olona, portavoz de la formación en el congreso y una de sus principales figuras públicas. Por contra, por primera vez desde el 2018, Vox ha quedado fuera de juego en la campaña. No solo no ha conseguido colocar ninguno de sus polémicos temas en el centro del debate, sino que ha terminado escondiendo a su candidata estrella.

El éxito de Adelante Andalucía al enfrentar a Vox no solo se ha basado en el carisma y capacidad dialéctica de Teresa Rodríguez, sino también en una estrategia consciente de no obviarlo, de combatirlo, sobre la base de superar el miedo a Vox desmitificándolos o, incluso, burlándose de ellos ("Los de Vox no me dan miedo, son unos papafritas[1]"). Otra buena praxis para terminar con el miedo a Vox es la utilización del arma satírica. El caso de las torrijas en el debate de Canal Sur, por ejemplo, dejó fuera de juego totalmente a Olona. En definitiva, romper con lo políticamente correcto llamando a las cosas por su nombre; conectando con movimientos realmente existentes como el feminismo (Teresa catalogó a Vox como el "partido del terrorismo machista" en el debate de RTVE) o; ligando a Vox con el poder económico y el IBEX35 para desmontar sus falsas promesas hacia las clases populares. En este sentido, fue clave cómo consiguieron popularizar el sobrenombre de "Iberdrolona" (Olona tiene acciones en Iberdrola). Una forma clara y sencilla de conectar a Vox con el oligopolio energético, rompiendo así su áurea de anti-establishment y  de partido protesta; desmontando las limitaciones programáticas de Vox, que se presentaba a las elecciones con una candidata que nunca había vivido en Andalucía y con un programa resumido en diez puntos; y desarticulando la capacidad de Vox como partido de la impugnación (vamos a entrar en la junta con una motosierra para limpiarlo todo) para presentarlos como lo que verdaderamente son, un partido deseoso de ocupar poltronas.

El otro elemento fundamental para que funcionara la estrategia de Adelante de desmontar a Vox ha sido su legitimidad y coherencia, mostrándose como la única fuerza independiente tanto de las políticas de la junta de Andalucía como del gobierno central. No presentándose como aspirante a ser la pata izquierda del bipartidismo, sino a romper con él desde una apuesta de soberanía andaluza. La pregunta es clara ¿qué hubiera pasado si Teresa Rodríguez no hubiera estado en los debates o entrevistas en esta campaña, si Adelante Andalucía no se hubiera presentado a estas elecciones como una fuerza propia? ¿El resultado hubiera sido el mismo? La verdad es que no lo creo, tomemos nota para los retos que vienen.

[1] https://www.diariodesevilla.es/andalucia/elecciones_andalucia/Vox-dan-miedo-papafritas_0_1692732734.html