En eso consistió nuestra famosa guerra civil

     

La boda de ayer, más allá de que sea un gesto de chulería de la familia Franco frente a quienes exigen la devolución del Pazo de Meirás, ¿se puede considerar un acto de exaltación franquista? Tampoco hace falta que canten el “Cara al sol” ni griten vivas al bisabuelo. La sola insistencia en su propiedad y disfrute ya es una forma de exaltar una dictadura sin la que esta familia no sería propietaria ni de ese Pazo ni de muchos otros bienes que disfrutan en su condición de herederos.

Pasa como con el Valle de los Caídos. La descafeinada ley de memoria histórica establece que “en ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo”. Vale, muy bonito. ¿Y qué es el Valle de los Caídos, él mismo, sin necesidad de actos añadidos, sino una exaltación de Franco y su guerra? Pues lo mismo con el Pazo: la boda en sí no es un acto de exaltación franquista. La escritura de propiedad de la finca es el verdadero acto de exaltación de la guerra y la dictadura.

Los Franco hicieron fortuna con la gloriosa cruzada, pero no fueron los únicos. Los beneficiarios fueron muchos: desde el empresario que obtuvo concesiones y monopolios, al que se quedó con unas tierras o una empresa, pasando por el miserable que delató a otro y luego se quedó con su puesto de trabajo. Ya en democracia, todos mantuvieron unos bienes obtenidos en muchos casos mediante extorsión y asesinatos. Eso sí, todo legal, con escrituras.

Con los papeles en la mano, los Franco son propietarios y pueden hacer ésta y todas las bodas que quieran mientras nadie se atreva a meterle mano al asunto. ¿Declararlo Bien de Interés Cultural? Si eso significa que podrán pedir subvenciones para arreglarse la casa de veraneo, a cambio de que podamos visitarlo cuatro veces al mes, casi mejor que se quede como está.

Como aún queda verano, les sugiero una lectura, una gran novela que llevo años recomendando: Jugadores de billar, de José Avello. Aparentemente no tiene nada que ver: una historia generacional de varios amigos con la Transición de fondo. Pero hacia el final del libro uno de los protagonistas descubre el origen sangriento de la fortuna de su familia, y ante unas escrituras de propiedad, exclama: “En eso consistió nuestra famosa guerra civil, un robo escriturado y legalizado ante notario.”