Cuidado con los economistas homeópatas

     

Ya conocen el principio fundamental de la homeopatía: lo semejante se cura con lo semejante. Si una sustancia causa un mal, el enfermo curará tomando esa misma sustancia, administrada en dosis muy pequeñas. Su relación con la medicina oficial siempre ha sido conflictiva, y todavía hoy son muchos sus detractores. 

Sin embargo, en la ciencia económica la homeopatía tiene mucho predicamento. Podríamos incluso decir que es la escuela dominante: cuando hay problemas, los doctores neoliberales suelen recetar más de lo mismo: que le suministren al enfermo el mismo jarabe que le hizo enfermar. Lo hemos oído muchas veces: para reducir la precariedad laboral, abaraten el despido. Para aumentar la recaudación fiscal, bajen los impuestos. Para recuperarse de la burbuja inmobiliaria, den más facilidades a la construcción. Y si los servicios públicos se deterioran por falta de recursos, pues se privatizan, perdón, se liberalizan. 

Ahora que nuestra economía está enferma, aparecen de nuevo los doctores homeópatas ofreciendo sus remedios. En las últimas semanas hemos escuchado a los habituales oráculos invocando la conveniencia de “liberalizar más la economía española”. Aunque por ahora el gobierno no les ha hecho mucho caso, algunas de las medidas aprobadas ayer huelen a homeopatía económica, escuela que de hecho cuenta con partidarios en el Consejo de Ministros. 

Pero lo aprobado ayer es sólo un aperitivo veraniego. Sabemos que lo mejor está por llegar. A partir de septiembre se concretarán todos esos eufemismos que nos acompañan desde hace semanas: austeridad, reformas, modernización. Tras el verano, por ejemplo, se iniciará el diálogo social, sobre el que pesará el aumento del paro. Ya se oye, como una psicofonía, la palabra maldita que nadie quiere pronunciar: reforma laboral. Tal vez entonces volvamos a escuchar aquella palabreja que hizo fortuna en el congreso del PSOE: la flexiguridad, una extraña mezcla de despido libre y protección social, que no deja de parecer una pócima milagrosa, aunque nos la vendan en la farmacia.