Si es que vamos provocando

         

No, si al final va a resultar que la culpa del accidente de Barajas es de los viajeros. En estos días oigo y leo, a propósito del avión estrellado, comentarios del tipo: “lo barato acaba saliendo caro”, “nadie da duros a cuatro pesetas”, o “la seguridad hay que pagarla”. Es decir, que si queremos volar barato, esto es lo que hay, menos calidad y menos seguridad. Ah, claro. Las aerolíneas en realidad quieren darnos lo mejor, pero somos nosotros los que nos empeñamos en que deterioren el servicio para pagar menos.

Me recuerda al disparate del que ve a una chiquilla con minifalda y exclama: “¡Si es que van provocando!, luego les pasa lo que les pasa, que los violadores no son de piedra, y algunas parece que van pidiendo guerra…” Pues lo mismo con los consumidores: por lo visto somos nosotros los que vamos provocando a las empresas con nuestra falda corta bajo la que se nos ve la tarjeta de crédito facilona, y luego nos pasa lo que nos pasa, que las empresas –aerolíneas, telefónicas, inmobiliarias y otras- no son de piedra, y quieren ayudarnos a satisfacer nuestras ganas de gastar, aunque nos duela.

De lo cual se deduce, y eso es lo más divertido, que los consumidores somos unos inocentones, presas fáciles; pero también, en el reverso, que las empresas son lobos voraces que en el bosque del libre mercado esperan el paso de una caperucita descocada. Confiamos en que las autoridades, como el cazador del cuento, nos protegerán, mantendrán a raya los instintos del lobo y nos salvarán, pero por mucho que nos advierten, somos tan lelos que nos paramos en mitad del bosque a hablar con el primer lobo seductor que nos aborda.

Y así pasa, que nos comen. Recordemos que en la versión que Perrault hizo del cuento de Caperucita no había final feliz, no había cazador que rescatase a la niña. Y en su moraleja final recogía el sentido de una historia que parece una fábula capitalista: las “niñas bonitas y gentiles” deben tener cuidado con los lobos “melosos, complacientes y dulces”, que las engatusan y luego se las cepillan.