Trabajar cansa

Gila en Palestina

     

"El ejército israelí no actúa sin antes avisar (…) Telefonea casa por casa a sus habitantes para que evacuen" -Comunicado de la Embajada de Israel- 

                

Si no hubiera cientos de muertos, sería de risa. Como de chiste de Gila: "Oiga, ¿es el enemigo? Mire, es que vamos a bombardear su barrio, que por favor se alejen un poco, no sea que se hagan daño".

Suponemos que el ejército israelí tiene un listín telefónico donde distingue a los terroristas del resto de la población. Coge un bloque de viviendas y va llamando piso por piso, hasta que llega a uno marcado en negrita: "Al del 3ºD no lo avisen, que es de Hamás." Así, los muertos en los bombardeos no serían culpa de los atacantes: o son considerados terroristas –y no los avisan-, o son vecinos cabezotas que se empeñan en quedarse en casa, o despistados que no atendieron la llamada, o estaban hablando y comunicaba.

Perdonen la broma, pero es que lo de la alerta telefónica parece un chiste macabro cuando hay cientos de muertos. Por lo visto avisaban cuando iban a tirar la casa de un suicida o de un dirigente de Hamás, hasta que los palestinos decidieron desobedecer y subirse al tejado para impedirlo. Vale, es menos bestia que bombardear sin avisar, pero no por ello dejan de ser ejecuciones extrajudiciales y bombardeos sobre población civil. Y la responsabilidad por los muertos es del atacante, no del atacado. No vale culpar a los "escudos humanos".

Pero además, el macabro aviso telefónico es una prueba más de la desproporción y asimetría: la prepotencia de un ejército que puede anunciar por adelantado sus objetivos, en la seguridad de que no habrá defensa posible que lo evite, ni riesgo alguno para el atacante. Y ahora que han puesto pie en tierra, serán menos cuidadosos.