Sólo nos faltaba una Olimpiada

                                      

“Queremos demostrar al mundo que la nuestra es la mejor opción, que convierte el deporte en motor de desarrollo” -Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid-

                                       

 ¿Qué más le puede pasar a Madrid? ¿Cuál será el tiro de gracia para la ciudad, tras haber sobrevivido a los destrozos del desarrollismo franquista, y ya en democracia a décadas de especulación, burbujas, planes de ordenación y pelotazos varios? ¿Todavía debemos esperar un último terremoto urbanístico, el big one que remate la broma? Pues sí, todavía podemos empeorar.

Con la que está cayendo, con lo que ya sabemos y lo que sospechamos del urbanismo madrileño, sólo nos hacían falta unos Juegos Olímpicos. Y encima, con subsede en Valencia, que es otro de los puntos calientes del pelotazo ibérico. Ya puestos, yo propondría otra subsede en Marbella, y así hacemos la gracia completa.

Los partidarios de Madrid 2016 quieren convencernos de los muchos beneficios que para los madrileños tendrán unos juegos que, dicen, han supuesto siempre una transformación radical para las ciudades organizadoras. ¿Queremos los madrileños una “transformación radical”? Ya sabemos lo que eso puede significar aquí. ¡Socorro!

Por mucho que lo pinten bonito con los valores olímpicos y el sano deporte, la cosa huele. El COI, que dice representar tales valores, tiene una larga tradición de sobornos y corruptelas. Y en cuanto a las ciudades agraciadas, los Juegos suelen ser el pretexto para desarrollar operaciones que sin la bandera olímpica tendrían el rechazo de los ciudadanos, y que benefician a los grandes constructores.

En Madrid ya tenemos algo de proporciones olímpicas: la deuda municipal. Claro que siempre podemos hacerla crecer citius, altius, fortius