¿Adiós a los paraísos fiscales?

                                     

“Sin secreto bancario, los 140 bancos extranjeros que hay en Ginebra no tendrían razones para quedarse” -Ivan Pictet, presidente del Geneva Financial Center- 

                          

Como saben, los líderes del G-20 anunciaron hace días su intención de meterle mano a los paraísos fiscales. Bajo su idílica denominación, estos pequeños países donde el dinero escapa de todo control son la cloaca del sistema financiero internacional. Localizados en lugares que, salvo excepciones (Suiza, Andorra) no sabemos situar en el mapa, son el equivalente monetario a la red de cárceles secretas de la guerra contra el terrorismo.

Aclaro el paralelismo: como los vuelos de la CIA con secuestrados, los dólares y euros cruzan el mundo en maletines o directamente por transferencia bancaria. Y como con aquéllos, el secreto es más que relativo, en todo caso un secreto a voces, y todos nos hacemos los tontos.

Si no, explíquenme para qué tienen los principales bancos españoles sucursal en sitios como las Islas Caimán, las Antillas Holandesas o la minúscula isla de Guernsey. ¿Para captar ahorros de los lugareños? ¿Para facilitar cambio de moneda a los turistas?

Por ahora, las autoridades estadounidenses han obligado al gigante suizo UBS a desvelar el secreto bancario sobre 300 clientes sospechosos de evasión fiscal, y otros países están contemplando medidas para apretar las tuercas a estos territorios.

Supongo que el modelo de paraísos fiscales ya está quemado, cumplió su función y probablemente hoy no es necesario, y podemos cerrarlos. Aunque los profesionales del blanqueo de capitales parezcan nerviosos, imaginamos que ya cuentan con formas más sofisticadas para evadir fortunas. Aunque sea al precio de perderse esos viajes a las Bahamas.