Trabajar cansa

Vuelven los insumisos

                           

 "Advertimos al gobierno que no cesaremos en nuestra batalla por la libertad ideológica, de enseñanza y conciencia" -Leonor Tamayo, coordinadora del Encuentro Nacional de Objetores-

                                       

 Admiro la resistencia numantina de esos padres objetores a Educación para la Ciudadanía que el sábado se reunieron en Madrid para proclamar que siguen en la lucha. Les da igual lo que diga el Supremo; están dispuestos a todo para evitar que sus niños sufran el lavado de cerebro con que ZP quiere convertir a la tierna infancia española en gays, ateos o algo peor.

Como el Supremo ha negado el derecho a objetar, los padres han dejado de ser objetores para convertirse en insumisos. Un movimiento de desobediencia que coincide en fechas con una conmemoración nada casual: hace veinte años que por primera vez unos jóvenes se declararon insumisos contra el servicio militar. ¿Lo recuerdan? Pues aquí están estos padres valientes, a recoger el testigo.

Los paralelismos son evidentes, no me digan que no: como los insumisos a la mili, tampoco los insumisos a la asignatura se detienen ante nada. Si aquéllos acababan en la cárcel, estas familias son capaces de no llevar a sus hijos a clase durante la hora de asignatura. Si los desertores del ejército se arriesgaban a la muerte civil por inhabilitación, los padres resistentes exponen a sus hijos a un traumático suspenso. Vale que no repetirán curso, pero que te quede una ya es terrible.

En ambos casos la lucha es altruista: los antimilitaristas rechazaban los ejércitos; los anti-ciudadanía velan por nuestras libertades, no sólo por sus hijos. Gracias, héroes. Yo estoy deseando que mis hijas tengan edad de sufrir la asignatura para encadenarme a la puerta del colegio.