Trabajar cansa

¡Arriba las manos!

                               

 "Tenéis que identificarlo, u os encontraréis con la desagradable sorpresa de que dejará de funcionar" -Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de Interior-

                         

 Como los malos utilizan teléfonos móviles de prepago, la autoridad ha decidido que hasta aquí hemos llegado: desde ahora ya no podremos comprar un teléfono como quien pide un café. Habrá que identificarse ante el vendedor con nuestros datos personales.

Es por nuestro bien, qué duda cabe. Nos tendrán más controlados, pero es por nuestro bien. Las compañías tendrán en fichero nuestros datos personales (y ya sabemos lo cuidadosas que son a la hora de protegerlos, nunca los cederían para uso comercial), pero es por nuestro bien.

¿Que los delincuentes usarán documentos falsos, o robarán teléfonos para delinquir? Pues allá ellos con su conciencia. ¿Que el número de móviles para uso delictivo es pequeño entre los millones de usuarios? Pues sin son pocos da igual, que se fastidien. Nosotros, como buenos ciudadanos que no tenemos nada que ocultar, iremos con el carné en la boca. Total, si ya pueden grabar las conversaciones, intervenir Internet, y tenernos localizados por satélite mientras hablamos, ¿qué más da que sepan nuestro nombre?

Además, de paso se lo ponemos más difícil a los inmigrantes sin papeles, para que se chinchen. No podrán identificarse ante el vendedor y se quedarán sin teléfono, o como siempre acabarán pagando precios abusivos a intermediarios abusones.

Para avisar a los quince millones de usuarios que permanecen anónimos, el Ministerio de Interior lanzó ayer una campaña informativa. El lema de la misma es "¡Identifícate!". La verdad, no se les podía ocurrir un nombre más policial. Para que no nos llamemos a engaño.