Waterboarding a Cheney, y acabamos antes

                   

“No hay forma de saber si la misma información obtenida con esas técnicas podría haberse obtenido mediante otros métodos” -Dennis Blair, director de Inteligencia de EEUU- 

                    

 Me sorprende la lentitud con que Obama investiga el uso de la tortura por la CIA. Se pierde un tiempo precioso en desclasificar documentos, preguntar a los responsables, documentar casos, esperar la investigación del Congreso, activar la maquinaria judicial… Con lo fácil que sería coger a Dick Cheney, desnudarlo, tumbarlo en una mesa y someterlo a una sesión de waterboarding. En un par de minutos cantaba, y caso cerrado.

Así habría que actuar, de seguir el razonamiento con que los ideólogos de la tortura se defienden estos días: la tortura es eficaz, dice Cheney, e incluso pide desclasificar informes que permitan a la sociedad estadounidense saber cuánta información vital se obtuvo mediante su uso.

Si el argumento de la eficacia no cuela, lo próximo que dirán es que con ella reducían costes, apelando así a la preocupación que sus compatriotas suelen tener por el gasto público. La tortura es rápida y barata, ahorra mucho trabajo. Horas, días o meses de investigaciones e interrogatorios se liquidan con un rato de palizas y humillaciones.

El ahorro para el contribuyente es notable, sobre todo cuando su uso es sistemático. Porque la tortura, una vez autorizada, deja de ser el último recurso para convertirse en el único. Si uno puede torturar impunemente, ¿para qué perder el tiempo, pudiendo ir directo al grano?