Trabajar cansa

Camps no sabe qué ponerse

"Cinco pantalones, un cinturón de piel, una deportiva, una chaqueta austriaca, una americana sport, una deportiva barbour y una chaqueta fantasía" -Declaración del sastre José Tomás ante el juez- 

               

Francisco Camps pasará hoy todo el día preparando su declaración de mañana como imputado en la trama de corrupción de Correa, el Bigotes y compañía. Pero no crean que estará rodeado de colaboradores, diseñando una estrategia, reuniendo papeles y buscando argumentos en su defensa. Nada de eso. Su preocupación es otra: qué se pone mañana. 

Ahí lo tienen, varias horas frente al armario, eligiendo y descartando trajes. No se piensen que es algo sin importancia, o un gesto de coquetería. Qué va. El problema es que Camps está buscando un traje que esté limpio. Ya me entienden. No estoy hablando de salpicaduras de comida ni de caspa en los hombros. 

Imagínense la escena. El honorable presidente, en albornoz, brazos en jarra frente al ropero: "Cuál me pongo mañana… A ver… Éste no, que me lo regaló Correa… Éste tampoco, que no tengo factura… Este chaleco no puede ser, que es el de la visita al Papa…" 

Tampoco se atreve a encargar un traje nuevo para la ocasión. No hay sastre que le acepte un encargo, visto lo visto. En la sección de Caballeros de los grandes almacenes se esconden los dependientes cuando lo ven venir. Y tampoco tiene quien le lleve muestras a la suite del Ritz. 

Camps se va a pasar el día revisando bolsillos y cajones a ver si encuentra alguna factura que le permita justificar el traje que llevará puesto cuando vaya al tribunal. Quiere ir limpio, no sea que en mitad de la declaración el juez le mire la etiqueta, o el fiscal le haga la pregunta más temida: señor Camps, ¿quién pagó ese traje que lleva puesto? Va a tener que ir en chándal.