Trabajar cansa

El que quiera trabajo, que se lo pague

"Opel nos dirá qué ayuda espera de cada gobierno, y nosotros la pondremos en proporción a su peso en España" -Teresa Santero, Secretaria General de Industria- 

                       

 Vista la evolución de las relaciones laborales, cualquiera pensaría que vamos hacia un modelo en que trabajaremos a cambio de sueldos cada vez más bajos, y algunos ni eso, manutención y una mínima capacidad de consumo. Pues no, no sean tan optimistas. El futuro es peor: pagar por trabajar. El que quiera, que lo pague.

Ya se han desarrollado algunas fórmulas: los autónomos, que se lo pagan todo aunque siempre trabajen para la misma empresa. Los contratos mercantiles, los becarios y otros precarios que pierden sueldo a cambio de trabajar, o quienes se lo congelan o rebajan por miedo al paro.

Como los medios de producción son en su mayor parte de propiedad privada, los dueños de los mismos poseen el empleo disponible. Hasta ahí, nada nuevo, obvio, de primero de marxismo. Pero como cada vez hacen falta menos trabajadores, habrá menos empleo disponible, y tendremos que pujar por él.

Llegará una gran empresa y dirá: "Aquí tengo trescientos puestecitos de trabajo, a ver, quién los quiere, cuánto me ofrecen", y quedará abierta la subasta, donde los pujadores iremos bajándonos el sueldo hasta llegar a cero, y luego empezaremos a ofrecer dinero.

En realidad, esas cosas ya pasan. Pero como aún no estamos preparados para hacerlo tan descaradamente, delegamos en los gobiernos, que lo hacen por nosotros, pues para eso administran nuestros recursos. Vean la industria automovilística. En cuanto se constipa y amenaza con estornudar varios miles de puestos de trabajo, aparecen los Estados con la chequera para mantener el empleo. Pasó con Seat, a la que pagamos cientos de millones para mantener la fábrica, y ahora pasará con Opel, que anuncia subasta.