Los ricos vuelven a ser ricos

“Ningún ciudadano cree justo que tribute igual quien gana 17.000 al día que la familia que gana 17.000 al año” -José Antonio Alonso, portavoz del PSOE en el Congreso- 

                 

Terminada la temporada deportiva, el equipo de los ricos ha perdido 33.000 miembros y el de los pobres incorpora otros 200.000. Así que, un año más, los ricos ganan el campeonato, y el balancín de Brecht sigue operando, más inclinado si cabe, con más gente abajo y menos ocupantes en el lado elevado. 

Ricos contra pobres. Es interesante ver cómo afecta la crisis al lenguaje, cómo nuestro vocabulario fluctúa con el PIB. Hoy de nuevo llamamos ricos a los ricos y pobres a los pobres, sin eufemismos: ni “rentas altas” ni “grandes fortunas”, directamente ricos, con ese eco folletinesco de injusticia social. 

El cambio de denominación se debe a cómo los vemos. En la tierra de las oportunidades de antes de la crisis, cuando parecía que siempre íbamos a crecer y que el valor de los pisos se multiplicaría hasta el infinito, los millonarios eran el modelo a seguir. No los envidiábamos, más bien los admirábamos, atendíamos las lecciones de estilo de vida que nos daban desde las revistas, queríamos aprender para cuando fuésemos como ellos, pues todos respondíamos afirmativamente a aquella pregunta que, dando título a un concurso de la tele, era el auténtico lema del sistema: “¿Quiere usted ser millonario?” 

Pero llegó la crisis, se acabó la fiesta, y cerradas las puertas y escaleras del ascenso social, se rompió el espejismo. Y con nuestra conciencia de pobres sin remedio regresó el resentimiento social, los millonarios dejaron de ser glamurosos para volverse odiosos ricos que despiertan nuestros bajos instintos, como bien sabe ese PSOE que amaga con subirles los impuestos para conmovernos. Cómo será la cosa, que hasta nos escandaliza lo que ganan los futbolistas.