Trabajar cansa

Siempre nos quedará el CO2

"Nos comprometemos a identificar un objetivo común de reducción de las emisiones de aquí a 2050" -Documento de conclusiones del G8- 

                   

Esta semana hubo reunión de vecinos en mi edificio. No hubo manera de que nos pusiésemos de acuerdo en lo de siempre: las obras pendientes, la instalación de un ascensor, las derramas y el cambio de administrador. De hecho, ni lo intentamos, para evitar la bronca. Eso sí, aprobamos con toda solemnidad un acuerdo vecinal de reducción de emisiones contaminantes, para que la caldera de calefacción ensucie menos en 2050. Nos quedamos tan contentos con el acuerdo que hasta nos tomamos unas cañas a la salida.

Y es que no vamos a ser menos que los del G8. Mientras todos esperamos medidas contra la crisis y la prometida reforma del sistema financiero mundial, nuestros líderes han sudado la camiseta para obtener un "histórico" acuerdo de lucha contra el cambio climático, que no va más allá de una declaración de intenciones pero queda bonito. Para terminar de adornar la tarta, no faltó la habitual declaración por la paz entre Israel y Palestina, un clásico de toda cumbre.

Lo del cambio climático se está convirtiendo en un recurso habitual en las reuniones de mandamases internacionales. Como la lucha contra la pobreza o contra el hambre en el mundo ya cantan demasiado tras tantas décadas de compromisos "históricos", la promesa de reducción de gases contaminantes se ha convertido en el broche de toda reunión de alto nivel. Es algo fácil, bien visto y que no compromete, sobre todo porque los objetivos se fijan a cuarenta años, y las medidas concretas se aplazan hasta la siguiente cumbre –pues siempre hay una próxima cita planetaria-.

No nos extrañe que el diálogo social entre patronal y sindicatos acabe cualquier día de éstos con una declaración contra el cambio climático. Menos es nada.