No es Honduras, es América

“Para nadie es desconocido que Hugo Chávez tiene una enorme influencia en todos los medios de América y casi del mundo” -Roberto Micheletti, presidente golpista de Honduras-  

                       

Como quien no quiere la cosa, ya ha pasado casi un mes desde que los militares hondureños echaron del país al presidente constitucional. Y un mes es un siglo, pues en las relaciones internacionales funciona como un rodillo la política de los hechos consumados. El tiempo juega a favor de los golpistas, que toman medidas para hacer irreversible la situación. La negociación en Costa Rica, patrocinada por Estados Unidos, ha sido la cortina perfecta para dejar pasar tiempo y hacer más improbable el regreso de Zelaya.

La diplomacia mundial y los medios de comunicación se adaptan a esos hechos consumados. Fíjense cómo muchos gobiernos y medios han pasado de la condena inicial a la equidistancia (el diálogo entre “las partes”), y de ahí a la creciente desautorización de Zelaya, visto como un provocador al que se responsabiliza de la posible violencia, a la vez que un hombre solo, sin salida.

Así, su regreso al poder ya no es una condición, la presión internacional se va relajando y muchos gobiernos se desentienden. A la cabeza la Casa Blanca, que ha tenido en su mano la restitución de la legalidad pues es quien tiene fuerza para presionar a los golpistas. Han amenazado varias veces con sanciones, pero a la hora de la verdad dicen que confían en la solución dialogada y siguen esperando.

Y el problema no es Honduras. Es América, donde el precedente hondureño puede ser una bomba en una región llena de tensiones, donde se multiplican los intentos de desestabilización interna y los enfrentamientos entre Estados (Colombia con Ecuador, Venezuela con Honduras…). Eso sí, ya sabemos que si pasa cualquier cosa, la culpa será de Hugo Chávez.